Turno de noche en Lantero

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Fran fue el encargado de cambiar la cifra de los días de huelga.
Fran fue el encargado de cambiar la cifra de los días de huelga.

Las cartas y la charla sirven para matar las horas hasta que llega el relevo

09 nov 2014 . Actualizado a las 04:58 h.

Fran, Sergio, Javi, Martín y Rodri han formado el turno de noche de Lantero en la semana que hoy acaba. Un turno desagradable porque no ha sido para trabajar sino para velar que la empresa no se salte la huelga a traición. De diez de la noche a seis de la mañana, hasta que llega el relevo. Están acostumbrados a trasnochar para trabajar, no a esperar sentados. Esto es mucho más fastidiado. En todos los sentidos.

La cabina de obra en la que pasan las horas guarda una mesa cubierta por la imprescindible cafetera y los elementos habituales de acompañamiento (azúcar, sacarina, vasos de plástico y demás adminículos). Hay también varias sillas (tres o cuatro de plástico y un par más de playa) y una caja que hace de soporte para que se pueda jugar a las cartas. Con tapete, por supuesto. El naipe y la charla sirven para matar las horas porque nada hace presagiar que algún camión se vaya a aventurar en esta madrugada del jueves al viernes en Lantero.

Tras un breve escarceo con la escoba, se impone el tute. Hay también un intento para intentar explicar los secretos del truco, pero no cuaja. La llegada de Mónica Irago justo después del primer parón para fumar -los pitillos están vetados en la cabina de obra- sirve para dar el primer cambio de ritmo de la noche. Surgen las primeras reflexiones. Las primeras confidencias. Alguno reconoce que nunca había ido a ninguna manifestación de apoyo a cualquier otro sector «pero está claro que a partir de ahora vamos a tener que ir a todas. ¿Cómo no vamos a echar a una mano a los taxistas o a los de Protección Civil con la ayuda que nos están dando?», reflexionan en voz alta.

Un presagio fallido

Una de las rutinas nocturnas que ayudan a romper el aburrimiento es el cambio del número que contabiliza los días de huelga. Había que quitar el cinco del veinticinco para poner el seis del veintiséis. No fue fácil. Entre que la humedad hace de las suyas y que la cinta gris ha empezado a perder el pegamento, la maniobra lleva su tiempo. En aquel momento llegamos a pensar que podía ser un presagio de que pronto no habría que pegar ya ninguno más. La mañana siguiente se encargó de romper aquel feliz pronóstico. Mientras Fran coloca el número Sergio barre las cáscaras de las pipas, que hay por miles. Es algo espectacular. Cubren buena parte del suelo. Ellos lo explican: «Las pipas ayudan a que no fumemos cartones y cartones de tabaco». Ayudan a tener las manos ocupadas.

Son cerca de las tres de la mañana y Martín interrumpe la charla para pegar un grito desde la puerta de la cabina. La mesa está servida. Un plato de chorizo recién cortado, poco curado y con un toque picantillo que se agradece, y un par de empanadas forman el menú. Contundente para esas horas de la madrugada pero perfecto para estómagos preparados. Tienen hambre y están acostumbrados. No va a sobrar demasiado.

Tras el tentempié regresan las cartas. Cometen el error de invitar a jugar al periodista y hay una pareja que ya no perdería en lo que queda de turno. Cuando pasan solo unos minutos de las cuatro de la mañana se abre la puerta y entra Javi. Tendría que tomar el relevo a las seis pero «estaba dando vueltas en la cama y no podía dormir así que decidí venir hasta aquí». La manifestación del jueves reaparece en la conversación. Todos están tan sorprendidos como agradecidos por la alta participación. De repente, se oye el ruido de un camión. Un vistazo sirve para constatar que es una falsa alarma porque el vehículo pasa de largo. Al otro de la carretera, también hay gente de guardia. Se les ve de ronda, con sus linternas. El jueves pasado sin los perros, aunque dicen Martín y compañía que los suelen sacar de paseo por el césped.

A las cinco de la mañana toca revisar la prensa por Internet. Los móviles y las tabletas también ayudan a pasar la noche. Media hora más tarde comienzan a llegar quienes han de tomar el relevo a las seis. Algunos son de los trabajadores más veteranos. Surgen las cuentas sobre las prejubilaciones y las charlas sobre los turnos de la siguiente semana. Una docena de tipos hablando a las seis de la mañana bajo un toldo. Pasan varios coches a toda velocidad. Son de quienes van a trabajar a otras empresas de O Pousadoiro. Ellos también querrían hacerlo. Seguro.

la crónica de una guardia nocturna a pie de fábrica

Al otro lado también hay gente de guardia. Se les ve de ronda, con sus linternas