El Cristo se descuelga de las ruinas

Susana Luaña Louzao
susana luaña CAMBADOS / LA VOZ

AROUSA

Los técnicos trasladaron en procesión y con todo cuidado la imagen que fue retirada en la mañana de ayer de Santa Mariña.
Los técnicos trasladaron en procesión y con todo cuidado la imagen que fue retirada en la mañana de ayer de Santa Mariña. mónica irago< / span>

Deja el altar de Santa Mariña Dozo en Cambados tras más de un siglo para ser restaurado

25 sep 2014 . Actualizado a las 08:40 h.

Tras más de un siglo presidiendo con dignidad el altar de una de las ruinas más hermosas del mundo, el Cristo de Santa Mariña Dozo fue descolgado ayer para evitar su progresivo deterioro, que una cosa es el encanto de la piedra centenaria y otra muy distinta, el aguante de una madera carcomida por los insectos. Y el Cristo lo merece, porque aunque su valor diste mucho del de las ruinas que atesora, se trata de una pieza con la suficiente calidad y acabado como para que el Concello de Cambados se plantee su recuperación. Y eso es lo que se decidirá una vez que el restaurador José Manuel Aguiño evalúe los daños y el coste de la rehabilitación.

Por eso, por el valor sentimental que tiene una pieza que fue donada a la Iglesia hace más de un siglo por una familia cambadesa, pero también porque la imagen forma parte del patrimonio municipal, el proceso de retirada de la cruz y su traslado a los talleres del restaurador se hizo ayer con todas las garantías para evitar daños mayores en el proceso.

A primera hora de la mañana, un equipo técnico dirigido por el restaurador y por el arquitecto municipal Ángel Acuña colocaron un andamio de tres pisos que les permitió alcanzar el crucifijo y revestirlo de una capa plástica para evitar que pudiese dañarse más en caso de llevar algún golpe en su descenso. Tras ese proceso, la imagen fue bajando al suelo poco a poco con la ayuda de una polea, y cuando ya se descolgó de la pared, recorrió el más emblemático de los cementerios hasta un remolque que le esperaba fuera del camposanto y en el que fue trasladado hasta el taller del restaurador.

El proceso llevó unas tres horas, y a ratos se hizo con turistas de testigos que no disimulaban su curiosidad por el espectáculo extra que se les brindó en unas ruinas que aspiran a formar parte de la red de cementerios más hermosos y emblemáticos de Europa.

A la espera de que Aguiño compruebe el estado de la talla y calcule los costes de su restauración, ayer ya adelantó que la recuperación de la imagen es posible, pese a su avanzado estado de deterioro, un proceso que no fue descubierto hasta hace unos años, cuando los parásitos empezaron a comerse la madera policromada que ya había sido tratada con sucesivas capas de barnices en las muchas décadas en las que presidió el altar de las ruinas cambadesas.

Una vez que el Concello de Cambados tenga en sus manos el informe del técnico y sepa el coste de la recuperación, tomará una decisión sobre si vale la pena o no asumir los gastos, para los que pedirá ayuda a otras administraciones y, antes que a nadie, a la Iglesia, como propietaria que es de la talla. De entrada, tanto el alcalde, Luis Aragunde, como el arquitecto municipal, Ángel Acuña, están por la labor; en parte porque Cambados siempre fue sensible a la conservación de su patrimonio y en parte también porque la pieza lo merece. Otra cosa es que el proceso se encarezca más de lo razonable o que el Concello no pueda asumirlo.

Mientras se perfilan asuntos tan mundanos, los habitantes del camposanto serán protagonistas y testigos el próximo 2 de noviembre de una nueva jornada de Difuntos a la que, por primera vez en algo más de un siglo, no asistirá el Cristo de Santa Mariña.