Una de vaqueros en Castroagudín

La aldea se unió en una batida para apresar a una manada de caballos que les come la cosecha; finalmente fueron atrapados nueve en un foso


vilagarcía / la voz

«A chuvia está estragando as uvas e os cabalos están acabando co millo; non podemos seguir así». Teresa resumía con pesar el sentir de todo el pueblo, el que obligó ayer a una delegación de Castroagudín a trasladarse a Ravella para pedirle ayuda a las autoridades municipales. «E tivemos sorte -admitía Paulino- porque atopamos a Cholo e logo puidemos falar co alcalde». Y entre el sheriff y sus más fieles camaradas se montó enseguida una batida que, si un principio parecía abocada al fracaso, porque dar con los caballos en Xiabre es como buscar una aguja en un pajar, y además el tiempo no acompañaba, finalizó con manda una buena película de vaqueros, con John Wayne regresando triunfante de la pradera tras hacerse con la manada.

A las cuatro de la tarde, ocho cuadrillas habían quedado delante de la escuela unitaria de Castroagudín, en cuyo recinto pensaban encerrar a los caballos; eran hombres y mujeres de la aldea que no disimulaban su desesperación por lo que les ocurría. «Pásanseche as ganas de traballar -confesaba José- porque pagas o tractor, pagar todo, e logo quedas sen nada; os cabalos están acabando co millo». Y Teresa, que ya es abuela, pasó las últimas noches junto con sus vecinas montando guardia en las inmediaciones de las fincas, en Veiga de Abaixo y en Veiga de Arriba, que es donde están las plantaciones preferidas de los equinos. «Estamos alí ata as dúas da mañá, e o outro día caeu un rapaz e os demais non se decataron ata despois de que non estaba, é un perigo, e non podemos seguir así».

Por eso fue que se decidió hacer la batida de día, para localizarlos y atraparlos. A los más jóvenes se les notaba que les tenían muchas ganas, con sus cuerdas preparadas para echarles el lazo. Sabían que iba a ser más difícil que hace dos años, cuando volvió a pasarles lo mismo. Pero entonces sorprendieron a los caballos en las fincas «e foi fácil levalos ata a escola; se colles ao que manda na manada e non os asustas, os outros van mansiños».

Pero había que peinar todo el monte, y el tiempo no acompañaba; la niebla que se extendía por Xiabre impedía ver, como quien dice, un caballo a tres pasos.

Cada cuadrilla tomó una dirección; Paulino y José en un todoterreno hacia un lado; Luis con otro grupo en sentido contrario, los dos coches de Protección Civil tiraron hacia el monte y las mujeres echaron a andar; todos con sus móviles operativos para avisarse si aparecían los caballos y bajo la supervisión de Busto, el jefe del grupo de Emergencias, y de Manuel Méndez, edil de Medio Rural.

Dos horas después, los ánimos decaían sin resultados. «Eu penso que sabían algo e viñeron buscalos», decía Paulino. Porque en Cea todo el mundo cree saber quiénes son los dueños de los caballos que pastan a sus anchas por el monte, pero también saben que los propietarios no van a darse a conocer porque eso implicaría tener que hacerse cargo de los gastos.

A punto ya de batirse en retirada, fue un fotógrafo el que por fin los vio cerca del polígono industrial, en la carretera del viejo campo de tiro. Y hacía allí se dirigieron todos.

Domadores en acción

No faltaron momentos de tensión, porque entonces surgió la segunda parte del problema: ¿Quién le ponía el lazo a los caballos? Unos por un lado y otros por el otro, ni la llegada de los agentes del Seprona impidió que los equinos se asustasen y huyesen de nuevo por el monte arriba.

Parecía que todo se había ido al traste, pero entonces Santi, uno de los operarios de Protección Civil, llegó galopando sobre su caballo, se acercó hasta donde estaba la manada y, con la ayuda de los vecinos, de los más jóvenes con sus lazos, del Seprona y del personal municipal logró acorralar y atrapar a las pobres bestias en un foso. Eran cuatro adultos y cinco potros asustados.

Como bien decía José, «a culpa non é dos cabalos», y por eso la intención no era castigarlos, sino trasladarlos en remolques hasta Fexdega para que hoy los lleven a un centro de la Xunta donde no es probable que los reclamen sus dueños. Allí podrán pastar tranquilos, y los vecinos de Castroagudín, dormir a pierna suelta sabiendo que no están solos ante el peligro.

Un miembro de Emergencias fue a por su equino y logró reunir a los potros salvajes

«Hai dous anos pasou o mesmo, pero desa vez atopámolos nas fincas e levámolos á escola»

Luis

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