Los negocios que tienen sus pies en la arena sufren el mal tiempo en sus cajas
05 ago 2014 . Actualizado a las 06:55 h.Carlos Castaño explota -entre otros- los servicios de verano de la playa de A Lanzada. Hasta ahora, sus negocios habían logrado escapar a la crisis. «A xente, cando vai á praia, acaba tendo calor e compra un auga, un refresco ou un xelado», contaba años atrás este empresario. Su optimismo natural se ha esfumado en los primeros compases de este verano. Y es que, dado el tiempo cambiante e inestable, son pocos -mucho menos que los de costumbre- los que van a la playa. Y menos aún los que permanecen en ella el tiempo suficiente para sentir calor, sed y hambre.
«Non recordo un verán tan malo coma este en moitos anos», asegura Castaño. Y lo dice él, que tiene sus negocios estratégicamente repartidos en arenales de primera, al menos en lo que a visitas y ocupación se refiere. Además de en A Lanzada, Castaño trabaja en Silgar y en Major. En total, a su cargo hay una plantilla integrada por setenta personas, algunas de las cuales tal vez no acaben el verano trabajando. «Se a cousa segue como ata o de agora, non nos vai quedar máis remedio que recortar persoal. Así non se sostén o negocio», dice un hombre que «firmaba agora mesmo se me dixeran que vou cubrir gastos» y acabar el verano sin arrastrar pérdidas.
Caída del 60 %
El movimiento económico en los quioscos ha bajado hasta un 60 % con respecto al mes de julio del año pasado. Y es que, al final, «o único fin de semana bo foi o da ponte do 25». En esos días de sol ardiente, los arenales se llenaron de gente ansiosa por darse baños de luz y de mar. Pero el resto de los días se sucedieron entre claros y nubes, temperaturas suaves y, también, densas capas de niebla que aparecían sorpresivamente desde el mar.
Con ese panorama, comer en primera línea de playa pierde parte de su atractivo. Y vender helados y refrescos se complica de lo lindo, incluso para los más expertos en estas lides. «Aquí a xente ou ven á disfrutar da praia ou non ven. Os que chegan aquí para dar un paseo son moi poucos», sentencia Castaño. Aunque, claro está, alguno hay que se lanza a andar y a gozar de un verano diferente en A Lanzada. Algunos incluso se toman un café en los quioscos.
Pero si las cosas en estos establecimientos a pie de playa están mal, peor están aún los negocios que tienen sus pies directamente sobre la arena. La empresa de Carlos gestiona también las tumbonas de A Lanzada y lo tiene claro: «non están funcionando nada», concluye este empresario del verano. Como tampoco parecen tener demasiado éxito las pedaletas y demás artilugios ofrecidos a los bañistas.
El mes de julio ha sido mucho más que malo. Habrá que confiar en agosto, ¿no?. Carlos Castaño, que se tiene por un hombre optimista, no lo es en absoluto en esta ocasión. Lleva semanas viviendo pendiente del tiempo, atento a todos los posibles cambios. «Estiven mirando as previsións do tempo e parece que vai seguir sendo malo», sentenciaba ayer por la mañana, con un deje de resignación en al voz. La primera mitad del mes vacacional por antonomasia, dice citando a Meteogalicia, no va a ser ni para echar cohetes, ni para disfrutar de la playa en días de calor intenso.
«Non recordo un verán tan malo coma este en moitos, moitos anos»
Carlos Castaño