El fin de semana de las fiestas del Apóstol fue el mejor de los vividos por el sector hostelero arousano durante el pasado mes de julio. Este fin de semana, las dos grandes citas festivas de la comarca, la del Albariño de Cambados y la Romaría Vikinga de Catoira, también imprimen vida y alegría a unos locales a los que les cuesta llenarse. «Después del mes de julio que llevamos, da la vida ahora el Albariño. Por lo menos se gana algo», explicaban ayer desde Casa Moncha, una pensión de Cambados que ha visto llenarse sus habitaciones gracias al príncipe de los blancos. Y como este establecimiento se llenan otros. En Os Pazos (Cambados) el tráfico de turistas generado por la fiesta se inició el miércoles. «Ahora estamos a tope. Pero mañana [por hoy] se queda el hotel vacío». Y es que «la gente de toda España» que ha encontrado en él acomodo dejará Cambados en cuanto se apaguen los compases de la fiesta. También en el hotel Cruceiro están llenos de huéspedes llegados desde todos los rincones de la Península Ibérica. «Pero son dous días. E dous días non fan o verán», explican desde este establecimiento.
El hotel Julio está ubicado en Ribadumia, «un poco retirados de la fiesta». Y, aún así, también tienen clientes que han llegado a O Salnés atraídos por la gran fiesta del vino. Y lo mismo ocurre en algunos de los hoteles de Vilanova, que ayer tenían que despedir a turistas que llegaban por la puerta pidiendo una habitación tras haber decidido embarcarse en un fin de semana cambadés. «Para este fin de semana no tenemos habitaciones», explican.
Los efectos del Albariño se pueden rastrear hasta en Carril. En el hotel que lleva el nombre de esta villa marinera están este fin de semana al 95 % de ocupación. «Se nota el Albariño, y la Vikinga también», explican desde recepción. Y es que la batalla que esta mañana librarán normandos y cristianos a la sombra de las Torres de Oeste también es un señuelo capaz de atraer hasta la orilla sur de la ría de Arousa a numerosos turistas. Al hotel Ciprés, por ejemplo, han llegado persiguiendo a los vikingos numerosos turistas «de fuera de Galicia». Y en el cámping de Bamio se han instalado extranjeros para esperar la entrada en la ría de los drakkar.
Es evidente, pues, que las fiestas ayudan a los establecimientos de hostelería a mejorar sus resultados. A buen seguro, la celebración del San Roque vilagarciano y su multitudinaria Festa da Auga tienen algo que ver con que los hoteles de la capital arousana estén casi llenos ya a partir del 11 de agosto.