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La supresión de los juzgados supondrá el mantenimiento del statu quo, pero dado lo que estuvo a punto de perder la comarca, no está de más repasar lo que supondría esa pérdida.
Desplazamientos. El cierre de los juzgados implicaría el traslado a Pontevedra para cualquier trámite relacionado con una denuncia, una querella, un contencioso... La Justicia dejaría de estar al lado de casa. Un gasto y una pérdida de tiempo que todavía planea sobre los ciudadanos en lo que se refiere a los registros civiles, porque al margen del compromiso arrancado a Gallardón, la reforma sigue adelante.
Pérdidas económicas. La economía de Vilagarcía, pero sobre todo la de Cambados, gira en buena parte en torno a los juzgados, por la cantidad de despachos de abogados y procuradores que se instalan al lado de las sedes y por los servicios complementarios que eso conlleva, sobre todo en hostelería.
Repercusiones laborales. Los funcionarios no iban a perder su trabajo, pero podrían verse abocados a un concurso de traslados que en muchos casos implicaría una notable pérdida de poder adquisitivo y problemas a la hora de conciliar la vida personal y la laboral.
Abogados y procuradores. Los despachos de abogados más pequeños, a los que los clientes recurren por su cercanía a los juzgados, corrían el riesgo de desaparecer, incapaces de competir con los bufetes más fuertes que serían los que sacarían beneficio de la situación. Y la profesión del procurador quedaba en entredicho, porque los desplazamientos a la capital de provincia supondrían un gasto que muchos no podrían asumir.
Juzgados de paz. La posibilidad que tienen ahora las pequeñas villas de solventar trámites sencillos referentes a los registros civiles o a conflictos menores entre vecinos también corría el riesgo de desaparecer con la supresión de los juzgados de paz, que pasarán a ser simples oficinas judiciales, pero que, en principio, se mantienen.
Registros civiles. Es la gran incógnita, porque el traspaso de estas tareas a los registros mercantiles está ya aprobado por el Gobierno, lo que ocurre es que se permitió un año de prórroga para adaptarse a la nueva situación. En Vilagarcía ya estaba todo preparado para que las bodas civiles se celebrasen solo en el ayuntamiento, pero la moratoria deja, de momento, la situación tal cual.