La devoción de cada domingo por la mañana, castigue el sol o llueva

Bea Costa
bea costa VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Lo que peor llevan estos deportistas es convivir con los coches

27 abr 2014 . Actualizado a las 06:56 h.

Llueve, pero eso no es un inconveniente para salir en bici. Los cicloturistas deben aprender a convivir con todos los elementos meteorológicos porque si van a esperar al día ideal, pocos tocarían asfalto. Así que Alberto, Carlos, David y Miguel se calzan el casco y el maillot y ponen los platos a punto el viernes por la tarde. No es lo habitual. Lo hacen a propósito para esta reportaje porque el día por excelencia para rodar es el domingo por la mañana, cuando los clubes salen de ruta.

A eso de las diez de la mañana, mientras la mayoría se despereza y prepara el café, en el Club Ciclista Lobeira ya llevan como mínimo media hora sobre el sillín. Por delante tienen unas tres horas y entre ochenta y cien kilómetros. Y el próximo domingo, vuelta a empezar, así durante todo el año. No descansan ni el 1 de enero. Ese día es tradición irse a Santiago. Suelen faltar muchos, pero siempre se llega a formar un grupo suficiente, según explica Francisco Santos, uno de los fundadores del club.

Lo suyo viene de cuna. Su padre ya tenía un taller de bicicletas en Cambados y desde muy joven empezó a pedalear en el club de La Cultural, el más veterano de la comarca. Santos sigue ligado al ciclismo por partida doble: es su medio de vida, tiene la tienda Rodas en Vilagarcía, y es su principal afición. Hace 23 años «cun grupo de amigos» decidió montar un club con el fin de fomentar y facilitar la práctica del ciclismo al margen de la competición, y hasta hoy. Hacer deporte y disfrutar de la compañía son los principales alicientes para quienes cada domingo cogen la bicicleta, aunque no falta quien toma estas salidas como un entrenamiento con fines competitivos. Es el caso del presidente, Paco Crespo, que lleva años participando y ganando ciclomáster. A sus más de sesenta años sigue gastando cubiertas de una exclusiva bicicleta que es la envidia de sus compañeros. La veteranía convive con la juventud. David, un caldense de 18 años que compite en el Club Ciclista Padronés, tampoco falta a su cita semanal con el club Lobeira.

Mediana edad

A partir de ahí, el abanico se abre. «O perfil medio é un home de mediana idade, entre 30 e 40 anos, que o que quere é pasalo ben» ¿Y las mujeres? No hay, nos informan. «Eu sei dun par delas en Rianxo, pero por aquí, pola nosa zona, non vexo», explica Alberto, el más dicharachero del grupo. «Este non da o perfil do socio porque está obsesionado», le espeta Francisco, y él no lo niega. Si puede, sale todos los días «e cando chove, fago rodillo».

¿Y el tiempo, de donde se saca? «O mellor é ter un traballo por turnos, coma min», y no tener compromisos. «Isto para divorciarse é o mellor», apunta Alberto. Sus compañeros se ríen y otorgan pero Fran dice que exagera. En lo que que no surgen fisuras es a la hora de valorar qué es lo peor de este deporte: «os coches».

Alberto conserva una cicatriz en la cara que da fé de su altercado más grave sobre el asfalto. Pero el susto más grande que se llevaron en el club fue a propósito del accidente del catoirense José Luis Otero. Llevó tal golpe en el brazo que le invalidó para poder trabajar, pero sigue subiéndose a la bici. Y es que, según explica Fran, «isto engancha moito, quen proba é difícil que o deixe».

Cada vez más respeto

Su larga experiencia le permite concluir que cada vez los conductores respetan más a los ciclistas «sobre todo a xente xoven», pero nunca falta el alocado que casi peina al ciclista o el que le suelta un «¡se foras traballar!». En el club Lobeira hoy toca desplazarse hasta A Bañeza y están pensando ya en la marcha que organizan a finales de mayo, con 200 participantes.