La ventaja de ser un salmón y de nadar contracorriente

AROUSA

La charla mantuvo atento a los alumnos durante hora y media.
La charla mantuvo atento a los alumnos durante hora y media.

El vilaxoanés Diego Lages acudió ayer al Igafa para explicar a los alumnos del centro en el que él estudió la importancia de ser «un granxeiro do mar, pero tamén empresario»

05 abr 2014 . Actualizado a las 06:50 h.

A Diego Lages su abuela le llama «culo inquieto». Él, que iba para biólogo marino aunque acabó virando para convertirse en un igafa, se identifica con un salmón. «Acostumo a ir contracorrente», dice. Fue esa forma de nadar, remontando las dificultades, lo que lo llevó hasta donde está: en Santiago de Chile, convertido en el director general de la división latinoamericana de la empresa Marel, una firma islandesa dedicada a la fabricación de maquinaria para la industria alimentaria.

El camino hasta allí le llevó a este vilaxoanés su tiempo. Cuando terminó sus estudios en el Igafa, Diego trabajó en Pescanova, el gigante ahora caído. «Como casi todos os igafas, empecei no laboratorio», recuerda. Pero un día le propusieron hacer un cambio. «Dixéronme se quería traballar cos peixes mortos», dice con una sonrisa. «É dicir, na comercialización, distribución e demais», argumenta. Cuando recibió esa oferta, consultó con sus compañeros del instituto de Niño do Corvo. «Dicíanme que iso non era o noso. Non houbo nin un que me dixera: adiante». Sin embargo, el espíritu de salmón de este vilaxoanés lo llevó a decir que sí al cambio de departamento. Y allí, trabajando con los «pece s muertos» fue como conoció a Marel. «Traballamos nun proxecto xuntos. Eu quedei encantado con eles, e parece que a eles tamén lles gustei eu». Tras el flechazo inicial, en el 2003 Diego se convirtió en la avanzadilla de Marel en España. «Empecei na miña casa, facendo estudos de mercado, análises... O primeiro ano facturamos 250.000 euros, e no 2008 xa eramos 16 persoas traballando e facturamos 16 millóns de euros».

A esas alturas, el institinto de salmón hizo que Diego quisiese moverse, otra vez. Y su empresa lo envió, de nuevo como avanzadilla, a Lationamérica. Y allí está, ocupando la más alta responsabilidad, viajando sin parar -ayer estaba en A Illa, pero el jueves lo pasó en Noruega y hoy mismo disfrutará de una jornada familiar en Andalucía-, y explorando con pasión un mercado lleno de oportunidades.

Que disfruta con lo que hace es una obviedad. Diego se apasiona hablando de su trabajo. «Marel é unha empresa nova, de 30 anos», que ha incorporado la tecnología punta al mundo de las máquinas para la alimentación. Eso les ha permitido crecer y crecer, sin prisas pero sin pausas, empujados, también por «certo espíritu vikingo».

Toda su pasión la compartió ayer con los alumnos que en la actualidad se forman en el Igafa. A ellos quería transmitirles, dijo, «o concepto de que podes ser un acuicultor por moitas razóns, pero sen peder de vista que detrás túa hai unha empresa». Esa faceta empresarial, de competitividad en el mercado, es algo en lo que muchas veces no se repara, o que directamente se desdeña. Y todo ello se paga cuando se sale al mundo real. «Hai que cambiar a visión de granxeiro do mar pola de granxeiro-empresario do mar». Solo si se consuma ese cambio, dice, habrá mil primaveras más para el sector de la acuicultura en Galicia.