El gobierno local en un «trivote»

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

En Ravella funciona un esquema de tríada, con el alcalde y sus dos concejalas fuertes, cuyas relaciones se han ido enfriando

16 mar 2014 . Actualizado a las 06:58 h.

Se trata, en realidad, de un esquema clásico. Un gobernante con amplias competencias hace descansar su confianza sobre dos colaboradores cercanos, cuyas relaciones mutuas acaban por enfriarse, cuando no derivan hacia una abierta animadversión. Siempre que se maneje con inteligencia, de forma que el equilibrio no se rompa, su superior puede extraer interesantes beneficios de la competencia que se entable entre ambos lugartenientes. No parece que en Vilagarcía haya sido, precisamente, algo premeditado, pero lo cierto es que a medida que el mandato ha ido avanzando, Tomás Fole se ha encontrado entre las manos con un trivote de características muy semejantes.

La marcha de Marta Rodríguez Arias a Santiago, para concentrarse en el Parlamento de Galicia y sus funciones orgánicas dentro del PPdeG, fue, de hecho, el factor que abrió la puerta a la constitución de esta particular tríada, en cuya cúspide, obviamente, se sitúa el regidor. Sus cometidos centrales se dividieron entre Elena Suárez, como primera teniente de alcalde, y Rocío Llovo, que adquirió la condición de portavoz del grupo de gobierno. Ambas engrosaron sus atribuciones con las dos dimisiones más sonadas del mandato: las de Luis Garrigós, que dejó Deportes en manos de Suárez, y Fran González, que otorgó Cultura a Llovo.

Como en cualquier fórmula de gobierno de este tipo, la correlación de fuerzas y simpatías va mudando con las circunstancias. Así, aunque en un principio el favor del alcalde pareció bascular hacia la responsable de Deportes y Benestar Social -tanto, que muchas decisiones se adoptaron sin contar prácticamente con la opinión de Llovo- todo apunta, ahora, a una mayor proximidad con respecto a la edil de Cultura. La marcha de uno de los dos cargos de confianza que mantiene el bipartito conservador -la jefa de gabinete de la alcaldía, muy cercana a Elena Suárez- refuerza esta apreciación y está en la base de lo que el portavoz de Esquerda Unida, Juan Fajardo, afirmó en el último pleno, cuando responsabilizó a Llovo de la caída de la antigua asesora de Fole.

Quienes conocen lo que se respira en la casa grande aseguran que, entre unas cosas y otras, la frialdad es la nota que domina las relaciones entre las dos concejalas fuertes de Ravella. Lo cual no debe llevar a nadie a extraer conclusiones precipitadas. Porque si bien Llovo juega un papel fundamental para reanimar la conexión del gobierno con las bases del PP de toda la vida -cuestión que se había descuidado peligrosamente-, la influencia de Suárez en el funcionamiento interno del Concello no es menos importante. Así que es lógico pensar que Fole las necesitará a ambas a la hora de someterse, el año que viene, a su primera reválida como alcalde ante las urnas.