Los suecos Anton y Victor y el letón Edgars llevan seis meses entrenando en el CB Vilagarcía e intentando comprender las costumbres gallegas
02 mar 2014 . Actualizado a las 06:42 h.Llevan seis meses, más o menos, en Vilagarcía. Suficiente para comprender perfectamente el castellano e incluso para hablarlo con relativa soltura. Se llaman Edgars Jaunzems, Anton Kalen y Victor Holmberg. El primero es letón y los otros dos suecos. Rondan la veintena y son entrenadores de baloncesto. Entrenan en el CB Vilagarcía, en concreto, dentro del proyecto en el que la entidad se ha metido en esta temporada y que se denomina Basket in English. Una oportunidad, en suma, para que los chavales del club aprendan un poco más de inglés y para que los foráneos conozcan otros métodos de entrenamiento y, sobre todo, otra cultura.
Y cómo han ido las cosas? A los técnicos, desde luego, no se les ve nada descontentos. Edgars, de hecho, no se recata en decir que si dependiera de él se quedaría en Vilagarcía. Más dudas hay en cuanto al éxito de la inmersión lingüística de los jugadores en el inglés. Anton dice que aprenden mucho más rápido los niños de la escuela que los mayores, con los que dicen que es mucho más complicado explayarse en la lengua de Shakespeare más allá de determinados conceptos.
El dominio del inglés es una de las diferencias que han notado entre sus países de origen y lo que se han encontrado en Vilagarcía. Y aportan un dato curioso: la fluidez de los jóvenes en ese idioma se beneficia de la televisión -que tiene una amplia programación en la lengua inglesa- y por las páginas web, también mayoritariamente en ese idioma.
Edgars, Anton y Victor viven en casas distintas. Acogidos por tres familias en una decisión que les ha valido para mejorar con el castellano y para huir de la irrefrenable atracción del McDonald?s, como ellos reconocen. La gastronomía ha sido una de las novedades a las que se han tenido que enfrentar durante estos meses. Sin demasiados problemas por lo que dicen. En su relación de platos favoritos aparecen la tortilla y la zorza y también el pescado.
Los tres destacan la buena acogida que han tenido ya no solo en el club sino de la gente que han ido conociendo. La vida social vilagarciana ha sorprendido, gratamente, a todos. «Me gusta mucho más como es aquí. Es mucho más divertido», asegura Edgars, que pronto ha acuñado lo de «fiesta y siesta» para definirla.