El marisco se muere, ahogado por tanta agua dulce. Las mujeres que lo extraen temen que esta riada sea la puntilla para su actividad
14 feb 2014 . Actualizado a las 06:55 h.«Para os pobres é noite sempre», decía ayer, en un arranque de melancolía, la patrona mayor de Vilanova, Evangelina Lago. A esta mujer, curtida en mil batallas, parece habérsele agotado la esperanza. De un tiempo para aquí, dice, a la gente del mar les llueve «fame enriba de fame. E agora, isto». Y cuando dice esto, se refiere a la borrachera de agua dulce que arrastra la ría tras un mes de lluvias tan continuas como intensas. Entre lo que cae del cielo y lo que llega del Ulla y del Umia, los bancos marisqueros arousanos están al borde del colapso, y las mariscadoras, cada vez que salen a trabajar, se encuentran «un panorama desolador», con un reguero de almejas muertas o con la lengua fuera, señal inequívoca de que agonizan.
El problema ya se había detectado en Os Lombos do Ulla, un banco de libre marisqueo que las propias cofradías quieren cerrar hasta que el tiempo cambie y soplen los vientos que se llevan las nubes. Carril -tanto sus parquistas como sus mariscadores- fueron los segundos en recibir el impacto de esta riada interminable. Pero el problema ha seguido creciendo, pasando a Vilaxoán, a Vilanova o a Cambados. En O Grove, dice el biólogo de la cofradía, han logrado de momento escapar de esta peste dulce que se ve y que se huele. Porque son muchas las mariscadoras que reconocen que la mortandad de marisco está pudriendo sus terrenos, que exhalan por momentos unos olores nauseabundos.
Pidiendo ayuda
En la mayor parte de las playas, es la almeja babosa la causante de ese hedor. Aunque en Cambados, donde no hay babosa, tanto japónica como fina están también con la lengua fuera. «Vou chamar a Carril para que veña o biólogo da Xunta a ver o que pasa», explicaba ayer Isabel Pérez, la presidenta de la agrupación de mariscadoras. Ella, que detesta el alarmismo, reconoce que esta vez las cosas pintan muy mal.
Tan mal, que la agrupación de marisqueo a pie de Vilaxoán está pensando en tomar la iniciativa y «hablar con otras cofradías para intentar que la Xunta nos eche una mano». Saben bien las mariscadoras que no andan las arcas públicas para alegrías, pero tampoco sus cuentas familiares están para celebraciones. El mes pasado hubo profesionales que ingresaron 172 euros. «No nos llegó ni para pagar el seguro». Así que consideran que, como mínimo, la Administración podría liberarlas temporalmente del peaje a la Seguridad Social. Si no, «esta situación no hay quien la aguante».