El cónsul que se quedó por amor

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

El inglés Cameron-Walker fue una de las figuras más influyentes de la época en Vilagarcía

15 dic 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

A finales del XIX, cuando primero Carril y después Vilagarcía tenían representación diplomática de medio mundo por la importancia de su tráfico portuario, el Gobierno británico nombró vicecónsul a Reginald Cameron-Walker, un inglés hijo de diplomático. Cameron-Walker fue destinado al consulado de A Coruña, y poco podía imaginar entonces que acabaría echando raíces en Vilagarcía, con cuyos parroquianos congenió nada más desembarcar.

El cónsul tuvo dos amores; el segundo fue Vilagarcía, pero el primero, y más importante, fue Austroberta Bolado Sánchez, hija de un catedrático a la que conocía en A Coruña y de la que ya nunca se separó. Fue su esposa, su compañera y la madre de sus cinco hijos, cuya descendencia sigue en la ciudad.

Cameron-Walker ganó por derecho propio un lugar destacado en la historia local. Primero, porque se aclimató perfectamente a la sociedad vilagarciana y fue embajador de Inglaterra en la ría de Arousa. Pero sobre todo, porque fue también embajador de Vilagarcía en el resto del mundo. Estuvo al frente del viceconsulado durante 24 años, y aunque la Royal Navy ya tenía por tradición hacer escala en Vilagarcía, su influencia estrechó los lazos entre marinos y vilagarcianos, con lo que esas relaciones suponían para la economía local. En favor de sus compatriotas gestionó ante el Gobierno de su país la creación del cementerio inglés, donde se enterraron y siguen enterrados los marineros que fallecían en alta mar.

Como buen inglés, le gustaba el fútbol, y es de suponer que se llevaría una gran alegría al comprobar que en su tierra de adopción practicaban este deporte. En compañía de otro británico que como él se hizo vilagarciano -el ahijado de Marx, Charles Lessner-, fundó el primer equipo local, el Villagarcía Football Club. Y como no hay dos sin tres, también asociado con otro inglés ilustre, John Trulock -abuelo de Cela- fundó el Club de Regatas, sociedad más que centenaria que sigue viento en popa a toda vela.