Su aislamiento fue el germen de su mayor tesoro: el bosque de laurel
29 sep 2013 . Actualizado a las 06:58 h.Pese a encontrarse a solo unos pocos metros de tierra firme, el desalojo de sus habitantes y el paso de la isla a manos de la Corona sumieron a Cortegada en un abandono que solo se rompía los domingos de buen tiempo, cuando las familias de Carril cargaban los cestos de comida en sus embarcaciones y ponían rumbo a la isla para pasar allí el día. Esa soledad y el paso de los años se aliaron para convertir en ruina su capilla y las viviendas de sus últimos moradores. Pero también fue ese aislamiento el que permitió que la naturaleza fuese poco a poco abriéndose camino y cubriendo la superficie del archipiélago carrilexo.
Así fue configurándose el que hoy está considerado como el mayor tesoro de la isla, un bosque de laurel de 2,5 hectáreas de superficie que pasa por ser el mejor conservado de la Europa atlántica. Junto a él crecieron amplios conjuntos de carballos, pinos y salgueiros, así como una colonia única integrada por 45 especies diferentes de hongos.
En ese contexto, no es de extrañar que miles de animales hiciesen de Cortegada su hábitat natural. Anfibios y reptiles como el lagarto arnal, aves como la garza real, depredadoras como la lechuza o el azor, y pequeños mamíferos que se suman a la riqueza marisquera de su litoral. No hace mucho, tres nutrias se añadieron a la fauna de Cortegada, y los responsables de Illas Atlánticas quisieron dar nombre a sus nuevos vecinos. Cortegada, Cira y Malveiras fueron los elegidos.
Al impresionante valor de su naturaleza hay que sumar el interés etnográfico de la isla. Su abandono durante años ha convertido a la aldea marinera en un fósil del que puede extraerse una rica información sobre el paisaje humano tradicional de la ría.
Pero Cortegada no solo ayuda a reconstruir el pasado reciente, sino que sus huellas se remontan al menos hasta el siglo I, cuando el naturalista romano Plinio el Viejo la incorpora a sus textos como Corticata -una prospección, de hecho, ha hallado ánforas romanas bajo el mar-. La presencia humana en Cortegada se rastrea también en la Edad Media. La capilla de Santa María existía ya en el año 1334.