Jugar con fuego en Arousa

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Convendría recordar que en el 2006 solo en Xiabre ardió tanta superficie arbolada como ahora en O Pindo y Negreira

15 sep 2013 . Actualizado a las 06:48 h.

De momento, la comarca de O Salnés parece haberse librado de un gran y pavoroso incendio como los que este verano han arrasado Oia, Ponte Caldelas, Negreira o el monte Pindo, en Carnota. No es que no lo hayan intentado. Los incendiarios se han aplicado con contumacia suicida a poner fuego en todos y cada uno de los once municipios que componen el territorio arousano, con una reincidencia que en lugares como Tras da Veiga (Catoira), Saiar (Caldas), Testos (A Illa), Cordeiro (Valga), Cea y A Pelada (Vilagarcía), Corvillón (Cambados) e incluso San Vicente (O Grove) roza lo burlesco. Pero aunque la jugada no le haya salido a su gusto a esta banda, la ruleta rusa sigue girando en Arousa. De tanto ir el cántaro a la fuente puede acabar rompiéndose. La amnesia autocomplaciente, mal demasiado extendido hoy en día, jamás debería hacernos olvidar lo ocurrido hace únicamente siete años, cuando solo en Xiabre ardieron 3.000 hectáreas de monte arbolado, más superficie de la que los datos oficiales ofrecen sobre las llamas que esta semana han arrasado O Pindo y amplias zonas de Negreira, sin ir más lejos.

Un dato para ir pensando. Si el Xiabre dispone de un manto pese a todo verde, se debe en buena medida al esfuerzo sin precedentes que la antigua Consellería do Medio Rural, gestionada entonces por el nacionalista Alfredo Suárez Canal, empleó en su regeneración, con una inversión que ascendió a 1,1 millones de euros. Hoy en día, con el dinero público bajo mínimos, es fácil adivinar que no habrá tanta largueza a la hora de restaurar el monte calcinado en Galicia. Así que estamos saltando de trapecio en trapecio sin red.

Hay otras reflexiones que poner sobre la mesa. Parece, por ejemplo, esencial repensar la política de extinción que cada verano consume ingentes recursos. Que este año solo cinco de los municipios de la orilla sur de la ría (Vilanova, Ribadumia, Meis, Meaño y Cambados) recurriesen a la fórmula de contratación de brigadas de la Xunta debería ser un toque de atención. Como el hecho de que sin el despliegue de los servicios locales de emergencias y protección civil, y el propio parque comarcal de bomberos, pese a que su cometido se centre en los incendios urbanos, hubiese sido imposible frenar la miríada de fuegos que se multiplican diariamente en la comarca en este penoso final de estío.

Cosas que hacer en el monte

Por fin, existen sospechas, aunque no certezas, sobre la identidad de quienes se dedican a arrasar los bosques de este país. Mucho más sencillo resulta identificar los factores estructurales que favorecen la actuación de estos auténticos terroristas ambientales. El abandono del ámbito rural (solo entre 1995 y el 2006, en los prolegómenos de la peor oleada de incendios que se recuerda, el área norte de Pontevedra perdió 8.000 explotaciones ganaderas), una errática política en la materia (existen zonas en las que la concentración de las fincas forestales lleva paralizada lustros por la Administración) y la ausencia de una planificación coordinada para la limpieza de los montes (el sentido común indica que podría articularse a través de concellos o mancomunidades, pasando la correspondiente factura a los propietarios y desplazando, así, el empleo asociado al bosque desde las cuadrillas de extinción a las de conservación, trabajo permanente, fructífero y probablemente mucho menos gravoso para las arcas públicas).

Ikea no es más que el producto más evolucionado de la industria forestal escandinava. A la vista está que sí hay cosas, e importantes, que la Administración puede hacer por el monte. Y, la verdad, ya está tardando.

la cosa política