Bicicletas y sonrisas en un gran día

A. Abal / B. Costa VILANOVA / LA VOZ

AROUSA

Miles de personas poblaron ayer las calles de Vilanova, entre ciclistas y curiosos.
Miles de personas poblaron ayer las calles de Vilanova, entre ciclistas y curiosos. martina miser< / span>

Todos los participantes llegaron equipados para disfrutar de la marcha conmemorativa

24 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

crónica fiesta cicloturista en vilanova

Hoy es un gran día para Vilanova. Todo está a punto para que esta tarde se obre el milagro y salga, de una batea, la contrarreloj por equipos que inaugura La Vuelta a España. Pero ayer también fue un día importante para esta villa: dos marchas cicloturistas, consagradas a la memoria de las víctimas del accidente de tren de Santiago, partieron del puerto.

La primera, más madrugadora, estaba diseñada para ciclistas casi profesionales. Luego, a las 11.30 horas, le tocó el turno de una marcha pensada para que en ella pudiesen participar personas de todas las edades. Alrededor de 700 aficionados corrieron con dorsal. Para ello, el lugar habilitado para anotarse en la marcha seguía abierto pocos minutos antes del pistoletazo de salida, repartiendo números entre los ilusionados corredores. Otros, los que no llegaron a tiempo, o no quisieron, participaron sin él. A fin de cuentas, era lo menos importante.

Alrededor de este ejército, el ambiente era espectacular. Las terrazas estaban llenas y la música y las palabras de aliento del speaker no dejaban hueco al silencio. Todo el mundo quería disfrutar de la marcha, en la que participan familias enteras, desde los abuelos hasta los más pequeños, además de grupos de amigos. Los de menor edad esperaban impacientes con todo su equipo: cascos, rodilleras y coderas. Y algunos de los más veteranos lucieron sus viejas bicicletas. Incluso el alcalde de Vilanova, Gonzalo Durán, vistió su camiseta de la Vuelta y recorrió los siete kilómetros con una bici que tomó prestada.

Una hora después de la salida ya volvían los ciclistas. Dorsal en mano, se dirigían al punto de encuentro donde les esperaban unos refrescos, unos mejillones y pulpo para abrir el apetito. Allí se reunían en grupos y recuperaban el aliento en la agradecida sombra de las carpas. A todos los participantes se les obsequió con una camiseta de recuerdo. Era de talla única, así que los más pequeños las lucían, felices, a modo de vestido o de camisón.

En la mayoría de los rostros se leía un profundo cansancio. Pero este era desplazado por sonrisas con las que quedaba patente que los ciclistas estaba disfrutando un día de fiesta, entre bicicletas y amigos.