El helipuerto de O Grove se convierte en párking

R.E. / O Grove

AROUSA

En verano, circular por O Grove es un incordio. Si es viernes, la experiencia puede ser un auténtico infierno. Con los puestos del mercado ocupando la zona de O Corgo, aparcar se convierte en una misión imposible que mantiene a un buen puñado de conductores dando vueltas a la busca y captura de un lugar en el que abandonar su vehículo durante un rato. Quizás llevados por la desesperación, muchos de ellos acaban estacionando su turismo en la zona situada tras la plaza de abastos y reservada, teóricamente, para que en ella puedan aterrizar los helicópteros de los servicios de emergencias.

La entrada de ese recinto parece presidida por dos señales claras. Las dos indican que se trata de un espacio al que no se debe acceder en coche y en el que no se debe estacionar. Pero ni esos dos mensajes, ni la gran H dibujada en el suelo, ni la palabra «emerxencias» pintada sobre el asfalto son respetadas. Ayer, al menos, no lo eran. De hecho, las señales horizontales estaban ayer prácticamente ocultas por la gran cantidad de vehículos que habían encontrado sobre ellas un lugar en el que parar sus motores.

No son los viernes los únicos días en los que el helipuerto de O Grove se transforma en un aparcamiento en superficie y gratuito. Cada vez que en localidad se celebra una fiesta y las plazas de estacionamiento escasean, son muchos los que ponen rumbo a un espacio que históricamente se ha usado como párking por los vecinos de la localidad. Basta con que unos pocos empiecen a ocupar la parcela para que otros muchos, algunos un tanto indecisos al principio, sigan sus pasos y se adentren en un espacio que no ha sido concebido para tal fin.

El problema se agudiza ahora, en verano, cuando el tráfico se intensifica en la localidad. Pero no es nuevo, y de hecho ya ha habido grupos de la corporación que han denunciado en pleno lo que ocurre. Y que se han preguntado qué pasaría si, tal día como ayer, la superficie reservada para los helicópteros de emergencias fuese requerida para el fin para el que Portos la había reservado. De momento ha habido suerte.