El mejor amigo del monte de A Illa

maría santalla VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Por las mañanas trabaja en el mar y por las tardes, tres o cuatro a la semana durante todo el año, cuida los montes de A Illa.
Por las mañanas trabaja en el mar y por las tardes, tres o cuatro a la semana durante todo el año, cuida los montes de A Illa. mónica irago< / span>

Nito Dios lleva dos décadas plantando y desbrozando de forma desinteresada

14 jul 2013 . Actualizado a las 06:56 h.

Bajo el bello nombre de Gaia prendió hace algo más de veinte años, en A Illa, un grupo ecologista que durante un tiempo trabajó intensamente en la promoción del compostaje y en el cuidado de los montes. Aquella iniciativa fue decayendo con el paso de los años y con los cambios que el tiempo imprime inexorablemente sobre las vidas, pero de aquella experiencia queda un testimonio excepcional: el trabajo voluntario que desde entonces, hace ya más de dos décadas, desarrolla Nito Dios en los montes del pequeño municipio insular. «Gaia foi un ciclo, fíxose un traballo importante, pero as prioridades van cambiando. Eu quedei porque me gusta. Quedamos eu máis a miña muller -Dolo-, e algún outro que axuda de vez en cando. Cando hai que regar, eu chamo e veñen», explica Nito.

Marinero de profesión, dedica tres o cuatro tardes cada semana, durante todo el año, a cuidar los bosques de A Illa. Ahora, reconoce, lo hace con «un ritmo máis equilibrado», porque hasta no hace mucho trabajaba varias horas cada tarde tras regresar del mar, y hasta nueve los sábados y domingos: «Fisicamente xa non daba».

Después de veinte años, su impronta ya se ve sobre el bosque isleño, y en muchas zonas antes llenas de eucaliptos los niños pueden ahora recoger castañas cuando llega el otoño. Este año, si nada se tuerce hasta entonces, tendrán la suerte de probar los primeros frutos de los nogales que crecen en A Bouza.

En efecto, la repoblación con especies autóctonas, o más exactamente, con árboles de hoja caduca, es uno de los pilares de su trabajo. No porque desprecie los pinos y los eucaliptos -«o olor do eucalipto cando imos para o mar de madrugada é impresionante»-, pero «non pode ser eucalipto todo, porque están facendo un deserto». Así que en los montes de A Illa se han plantado muchos castaños, y carballos, y sobreiras, «que non hai sobreiras na Arousa, e estámolas poñendo nas zonas de pedra, que se dan ben». También algún cerezo. Y se intentó con las higueras, un árbol muy querido en las huertas arousanas que, sin embargo, en el monte no consiguió cuajar.

Durante los primeros años este bosque requiere un trabajo intenso. A veces hay que regar. Entonces acude con garrafas o pide que le lleven el tractor del Concello. Cuando el trabajo es intenso, pide ayuda a sus vecinos. Y la obtiene. Pero, sobre todo, hay que desbrozar para que los árboles crezcan bien y, especialmente, para evitar los incendios. «É a gran prevención dos incendios, a limpeza e o bosque autóctono». Armado con una desbrozadora, Nito Dios va, cada tarde, ganando terreno en su batalla contra la maleza. «Custa mantelo, pero desde que as árbores son grandes, a cousa cambia. E en cinco anos xa fai o seu proceso natural e xa non hai que lle prestar tanta atención».

Claro que también es cierto que «o bosque que estamos facendo nós é, entre comiñas, o bosque perfecto, porque o bosque de folla caduca deixa entrar o sol no inverno e no verán dá sombra, e os incendios son máis difíciles, non se propagan tanto. É algo que non acaban de entender os que nos gobernan, veña pino, veña eucalipto, non ten moito sentido».