Los cuarenta nichos de la discordia

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Marisa está cansada de sustituir las flores y los búcaros que le destrozan en la tumba de su hijo.
Marisa está cansada de sustituir las flores y los búcaros que le destrozan en la tumba de su hijo. m. miser< / span>

Tras veinte años de conflictos, un matrimonio denuncia destrozos en la tumba de su hijo

11 jul 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

Fue en 1993 cuando Benigno Oubiña Pérez aceptó realizar unas obras de mejora en el cementerio de San Miguel de Deiro a cargo de la asociación de vecinos de la parroquia vilanovesa, y ahí empezó su pesadilla. El constructor hizo los trabajos solicitados, que consistieron básicamente en un lavado de cara del camposanto, en la colocación de gravilla, cambio de arquetas para los desagües y otras obras. Con anterioridad, Oubiña construyó cinco capillas con ocho nichos cada una de las que es propietaria su mujer, Marisa Pintos. Una de esas capillas se la quedó el matrimonio, que desgraciadamente no tardó en ocupar una tumba cuando hace 23 años falleció en accidente de tráfico uno de sus hijos. «E non foi o único, teño outro enterrado en Murcia», recuerda llorosa la desolada madre.

El dolor por la muerte de su hijo no es la única pesadilla que les une al cementerio de San Miguel de Deiro. Cuando Benigno acabó las obras encargadas por la asociación de vecinos, solo recibió en pago una parte del importe, en torno a unos 4.200 euros. Primero lo reclamó por las buenas, luego ya no de tan buenas, y como no cobraba, el asunto llegó a los juzgados. A lo largo de los últimos veinte años, la Justicia no dejó de darle la razón, con una sentencia a su favor del Juzgado número 3 de Vilagarcía y otra de la Audiencia Provincial. Tras un peritaje de la obra, se cifró en 7.377 euros la cantidad que todavía les adeudaban. Pero con las sentencias no se come, y Benigno sigue sin cobrar dos décadas después. «¡Declaráronse insolventes, cando quedou demostrado que todos eles tiñan bens!», recuerda dolido.

Después de tantos años, hasta esas viejas rencillas se olvidan, y el matrimonio estaría dispuesto a hacerlo de no ser por los últimos acontecimientos. Hace tres semanas, su capilla apareció destrozada. Los búcaros con flores con los que Marisa adorna el nicho donde está enterrado su hijo, rotos; los ramos tirados por el suelo y una planta que crece a un lado, «desfeita». «¡Fixeron un escándalo!», se queja Marisa, que no entiende cómo alguien puede causar destrozos en un lugar como el cementerio «que é cousa sagrada». Por si el daño no fuese suficiente, una semana después se repitió la gamberrada.

Sospechas

El matrimonio no sabe quién se empeña en impedir que su hijo descanse en paz. Y ni siquiera quiere relacionarlo con la vieja disputa con la asociación vecinal, porque lo cierto es que sospechan de alguien más cercano. Además, no le pasó solo a ellos. «Hai tres meses houbo máis estragos no cemiterio, raiaron portas, romperon cristais, botaron lixo... Ata o cura tivo que chamar a atención na misa, que non se meteran co defuntos e que non profanaran as tumbas», admite Marisa. Y el caso es que no saben cómo lo hacen, «porque de noite queda pechado cun candado», recuerda su marido.

Demasiada carga para los cansados hombros de Benigno Oubiña y su esposa, que ya lo único que piden es que tanto a ellos, como a quienes reposan en el cementerio, los dejen descansar en paz.

profanación en el cementerio de san miguel de deiro