El poder de la imagen es indiscutible. Una cierta combinación de luces, sombras y colores que el cerebro reinterpreta sin que necesariamente el pensamiento lingüístico la filtre. Por eso se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Aunque, pese al tópico, la realidad sea muy distinta. Una imagen constituye, a menudo, un objeto de consumo inmediato que apenas se ve sometido a una mínima crítica, para la que resulta imprescindible el lenguaje, y por tanto las palabras. Claro que también existe, como en cualquier reflexión, un reverso en esta sesuda materia: la chispa del pensamiento, la ocurrencia suscitada por la imagen, la sorpresa, la paradoja. La iniciativa que el equipo de normalización lingüística del instituto Fermín Bouza Brey propuso al Concello, y fue aceptada inmediatamente, forma parte de esta segunda categoría, mucho más interesante: un safari fotográfico a la caza de errores y absurdos en la sinaléctica de Vilagarcía.
Aunque la idea original pasaba por que todos los centros de Secundaria de la capital arousana se sumasen a la batida, las fechas y las obligaciones del libro y el pupitre (la tremenda selectividad, como reto en cuestión de semanas) dejaron la cosa en un mano a mano entre los propios alumnos del Bouza Brey. Armados de cámaras, teléfonos móviles y todo tipo de aperos tecnológicos, de esos que cuelgan imágenes en la red como antes chorizos sobre la lumbre de las lareiras, alrededor de 45 chavales se echaron esta semana a la calle para levantar acta de algunas de las confusiones, cuando no barbaridades, lingüísticas con las que nos comunicamos pasivamente cada día, desde letreros, señales, pegatinas, menús y cualquier tipo de mensaje inscrito en establecimientos y vías públicas.
A la salida de los alumnos del instituto no le faltó de nada. Ni siquiera la lluvia omnipresente en este extraño mes de San Xoán, que empapó a cazadores y ojeadores, incluyendo al jurado. El resultado, no obstante, mereció la pena. En la cosecha hay un poco de todo. Desde señales añejas, necesitadas de un repaso normalizador, a costumbres tan comunes como el pulpo á feira, que en lo simbólico combina dos idiomas como en lo material se mezclan en él el aceite y el pimentón. El tribunal, con fotoperiodistas, técnicos de normalización y concejales, ya ha dictado su sentencia. Y dicen por ahí que habrá camisetas de Caramuxo...