En 1908 nacía el primer cinematógrafo estable de la villa arousana, el Varietés
05 may 2013 . Actualizado a las 06:55 h.Damas y caballeros, esta es la historia de dos risueñas caretas bajo las que, durante 96 largos años, rieron, lloraron y soñaron miles de vilagarcianos. Es la historia del descubrimiento de un mundo nuevo que llegaba a través de las pantallas. Es la historia, en fin, del Salón Varietés, el primer cinematógrafo estable con el que contó Vilagarcía. Descorramos el telón y miremos hacia el escenario. Es viernes, 14 de agosto de 1908. Se inauguran las fiestas de San Roque y, con ellas, un nuevo local en los jardines frente a la flamante Casa Consistorial. Son las diez y media de la noche y un cosquilleo en el estómago del público anuncia el inicio de La Hechicera. Fue la primera película que se proyectó en este cine que esa misma noche emitiría otras cinco más. En el patio de butacas las disfrutaron 500 personas que habían pagado 0,50 pesetas en preferencia, y 0,25 en general. «El público que ocupaba todas las localidades disponibles salió satisfechísimo, tributando entusiastas elogios, especialmente al aparato de cine, cuya presentación de las películas fue admirable. Prometemos ocuparnos con la extensión debida de este espectáculo. A su propietario, nuestro estimado amigo Annibal Díaz, le felicitamos muy cordialmente». Así lo contó entonces Galicia Nueva.
Una villa en crecimiento
Annibal Díaz López fue, en efecto, su primer propietario. Vendedor de máquinas de coser, había presentado apenas unas semanas antes, a finales de junio, solicitud de licencia de obra para construir un edificio que destinaría a salón de cine. Eligió para su nuevo negocio un solar del empresario Daniel Poyán, en pleno centro de Vilagarcía. Y un momento -aunque quizás haya sido el momento el que lo haya escogido a él- más que oportuno. La villa estaba creciendo, se estaba gestando la donación de Cortegada al rey Alfonso XIII y se comenzaba ya a hablar de la necesidad de unir Vilagarcía, Vilaxoán y Carril.
En tan solo un mes se levantó el cine que estaba llamado a sustituir a las proyecciones itinerantes. Pero ya se sabe que las prisas no son buenas consejeras, así que, apenas un año después de su apertura, el salón fue arrasado por un incendio. Su reconstrucción choca con la oposición de los vecinos colindantes, que piden al Ayuntamiento que no lo permita, pero el progreso había llegado y Vilagarcía no estaba dispuesta a dejarlo ir. En un pleno celebrado en diciembre de 1910, y cuyas actas ha sacado a la luz el historiador Manuel Villaronga, la corporación determina «que siendo una de las causas de la prosperidad de esta villa las condiciones que en ella concurren en la estación veraniega, condiciones que debemos mejorar cuanto sea posible, proporcionando a los forasteros las mayores facilidades para su esparcimiento y satisfacción, siendo notorio el buen resultado que a tal objeto ha dado el edificio incendiado haciéndose notar la falta de tan honesta distracción», desestima la reclamación presentada por el señor Ameijeiras y autoriza la reconstrucción del local, ampliando la concesión a diez años.
Desconoce entonces que la que salga de esa reforma tampoco será la configuración definitiva del edificio. El 18 de diciembre de 1920, a las doce de la noche, siendo propietario del Varietés Daniel Poyán, las llamas volvieron a asolar el salón. Reabrió en 1923, de la mano de los fotógrafos y hermanos Gómez-Cortacero. Fue entonces cuando el reconocido arquitecto López Hernández creó su última fachada, la que se conservaría hasta su demolición en el 2004.