Nada apuntaba a que esta joven del interior de Meaño iba a acabar en la playa
21 abr 2013 . Actualizado a las 06:58 h.carmen agís diseñadora gráfica que va a la seca
Un verano trabajó en O Grove. En las horas muertas decidió hacer un curso de marisqueo
Llegó a la playa sin distinguir la almeja fina de la babosa. Pero no tardó en aprender
Carmen pertenece a una familia de tierra. Una familia anclada en Simes, el corazón de O Salnés, un lugar en el que los viñedos marcan el ritmo de la vida. Jamás se le había ocurrido a nuestra joven protagonista que sus días iban a estar regidos por el ir y venir de las mareas. «¿Ser mariscadora? Nunca o pensara. Nin de broma... Non por nada, simplemente non se me pasara pola cabeza», explica.
Cuando le tocó dejar de soñar con lo que quería ser y empezar a decidir qué iba a hacer con su vida, Carmen apostó por estudiar diseño gráfico. Al acabar la carrera hizo prácticas en una empresa situada cerca de su casa, y luego se quedó durante un tiempo más diseñando carteles, imágenes corporativas y poniendo en práctica, al fin y al cabo, aquellos conocimientos adquiridos durante años de estudios y esfuerzo.
Pero entonces llegó la crisis, el trabajo en la imprenta decayó, y la onda expansiva no tardó en alcanzar a los trabajadores. «Eu era a última en entrar, así que fun a primeira en saír», relata. Comenzó a mandar currículos a diestro y siniestro. Lo hacía, casi, para no rendirse, para no dar nada por perdido. «Moitas empresas nas que eu botaba o currículo estaban a despedir xente», señala.
Como corren los tiempos que corren, a Carmen no le quedó más remedio que quedarse en casa, echando una mano a sus padres en el trabajo de los viñedos. Hasta que un día recibió una llamada: le ofrecían la posibilidad de ser mariscadora. Quizás fue una cuestión de suerte, pero no de azar. Hace unos años, Carmen había dedicado un verano a trabajar en los catamaranes de O Grove. En la península meca pasaba muchas horas muertas que decidió llenar apuntándose a un curso para ser mariscadora.
Una intuición
Aún no sabe muy bien por qué decidió participar en aquel curso, tal vez fuese una cuestión de intuición. Lo cierto es que, años después, el haber tomado aquellas clases le abrió la puerta a un trabajo muy codiciado, basta ver las largas listas de aspirantes a hacerse con un puesto en la playa. «Xa me chamaran unha vez, cando ía entrar na imprenta, pero daquela non quixera ir». Pero cuando recibió la segunda llamada no lo dudó. Y se convirtió en mariscadora de la cofradía de O Grove. Desembarcó en la playa sin apenas distinguir una almeja fina de una babosa. «Pero nunha semana xa as distinguía. Se te paras a miralas un pouco notas as diferencias», argumenta.
Se incorporó a la ribeira en julio del año pasado, cuando las vacas flacas habían empezado a pacer también en el mar. Aún así, está contenta. «Non é que se estea a gañar moito, pero o traballo lévase ben», relata. «O peor que lle vexo é que non hai horarios», explica. Solo los que marca la marea, y la marea a veces obliga a salir a las seis de la mañana, y otros días a las diez.
«O deseño é o que me gusta. Bótoo de menos, e gustaríame volver a traballar niso, que foi para o que me preparei», explica esta diseñadora por vocación. Pero las cosas son como son, están como están, «e por un contrato dun ano non vou deixar á praia». Al fin y al cabo, también en la arena se puede ser creativo.