Lleva treinta años repartiendo el correo en Catoira y espera que ese trabajo no se acabe nunca
24 mar 2013 . Actualizado a las 06:51 h.Comenzó siendo camarero y acabó siendo uno de los carteros de su pueblo, Catoira, un oficio que disfruta mucho más que el primero y que le sigue gustando pese a acumular ya treinta años de trabajo, de momentos buenos y malos, de sonrisas, de amistades, de calor y de mojaduras. Antonio Touriño decidió un buen día optar a una plaza de cartero en Catoira. Y la consiguió. Desde entonces, recorrió «varios postos, pero todos en Catoira». Hasta que hace poco Correos decidió unificar el puesto catoirense con Vilagarcía y ahora empieza en la central del barrio de Os Duráns cada jornada laboral. «Antes tiñamos en Catoira un local que tiña que aportar un compañeiro, por certo, porque daquelas tiñas que aportar coche e local. Estabamos alí tres persoas, nunha oficina pequena». Así fueron sus inicios en aquellos años en los que «viña o correo no tren, primeiro, e despois nos coches de Pereira, de Vilagarcía». Ahora «xa vén en coches de Correos».
Bien temprano, a las seis y cuarto, Ángel llega a la central de Os Duráns para comenzar su jornada laboral. «Agora vén o correo todo aquí -habla en este local, poco antes de comenzar el reparto-, eu veño, preparo a miña zona, e tiro para alá». Al finalizar su recorrido por Catoira entregando novedades, regresa a Vilagarcía, «cerro o día todo e para a casiña». Suelen ser entonces más o menos las tres y cuarto de la tarde.
La fusión con Vilagarcía no ha supuesto la mengua de recursos en Catoira, donde Correos sigue manteniendo tres empleados. «Hai unha persoa que atende dúas horas e pico ao público e que despois reparte todo o que é a zona onde está a cartería, e outros dous. Agora hai un local que paga Correos». Las cosas, en algunos aspectos, han cambiado para bien. Ángel se encarga ahora del reparto en toda la parroquia de Abalo y también en la de Catoira, a excepción de las inmediaciones de la estación: «Catoira de Arriba, a zona onde está o Concello, a zona da ponte, Tras da Veiga, Muíños do Vento» integran su ámbito de competencias. Otro compañero se encarga de Dimo y Santa Baia.
Las nuevas tecnologías han arrinconado a las cartas y al papel escrito a un segundo plano. Ángel es consciente de ello y reconoce que el trabajo ha bajado mucho. «Non imos negar o evidente, antes levábase máis correo, non che podo dicir unha porcentaxe, pero bastante», dice. Ahora hay días en los que la carga es pesada, pero no son muchos. «A ver se remonta un pouco», desea Ángel, que tiene esperanzas de asistir a una recuperación del correo tradicional.
Ahora mismo, casi todos los sobres que lleva cobijan notificaciones de entidades bancarias o correo comercial. Salvo en Navidad. Por entonces hay mucha gente que todavía prefiere felicitar las fiestas de su puño y letra, y entonces el trabajo de Ángel, y el de sus compañeros, sube un poco. «A moita xente faille ilusión, e iso sígueo habendo, quizás houbo menos hai un tempo que agora. Houbo un bum de non vir ningunha, pero agora aínda hai algo». Lo que hoy es una excepción navideña antes era el día a día. Las noticias, salvo las muy urgentes, no llegaban por teléfono, y todavía faltaban años para Internet. Entonces «estaban esperando por ti á porta a que chegaras co correo. Estaban máis pendentes de ti, agora pasas pola porta deles e practicamente nin se enteran».
En Navidad el trabajo aumenta, porque aún se envían felicitaciones escritas