El origen inglés de la flema vilagarciana

Con la Royal Navy desembarcaban 13.000 marinos en un pueblo de 10.000 habitantes

No solo la escuadra inglesa desembarcaba en Vilagarcía; en la imagen, un grupo de marinos alemanes.
No solo la escuadra inglesa desembarcaba en Vilagarcía; en la imagen, un grupo de marinos alemanes.

vilagarcía / la voz

Las visitas de la Royal Navy a la ría de Arousa fueron, of course, determinantes para que los vilagarcianos se hayan quedado de por vida con el mote de ingleses -despectivo para el resto de la comarca y adoptado con cierto orgullo por los autóctonos-. Pero la presencia de los súbditos británicos es muy anterior, incluso, a la creación del nuevo concello en el año 1913, porque los historiadores ya datan en un documento de 1815, cuando se pidió la habilitación del puerto de Carril, la presencia de «ingleses, franceses, anseáticos, aragoneses, genoveses y levantinos» en la villa, tal y como recoge María del Carmen Vázquez Vaamonde en un estudio de la Universidad de Santiago.

El puerto de Carril y la llegada del ferrocarril fueron determinantes a la hora de estrechar esas relaciones comerciales. De hecho, a principios del siglo XX los apellidos ingleses eran frecuentes en la ría. El tráfico marítimo llevó a las compañías internacionales a abrir delegaciones en Carril, donde tenían casas comerciales, entre otras, la Pacific Steam Navigation Company o la Royal Mail Steamship Company (Mala Real Inglesa). Sus representantes no solo se aclimataron a la ría y se casaron con sus mujeres, sino que incluso abrieron sus propios negocios, como ocurrió con la conocida fábrica de fundición Alemparte, que mucho antes de quedar en manos de dicha familia fue explotada por John Newport, natural de Escocia. Y no es más que un ejemplo.

La familia Trulock

Tan importante como el puerto es el ferrocarril, porque fue una compañía inglesa la que gestionó la primera línea de Carril a Vilagarcía con el nombre de The West of Galicia, cuya presidencia ostentaba Clarendon Hyde y que tenía como gerente a John Trulock, el abuelo de Camilo José Cela.

Esas intensas y fructíferas relaciones obligaron a que no solo las compañías tuviesen representación comercial en la ría, sino a que también sus gobiernos se vieran en la obligación de abrir en Carril sedes diplomáticas. La entonces pujante villa primero y después Vilagarcía tenían consulados de Gran Bretaña, Portugal, Alemania, Francia, Argentina, Brasil, Chile, México, Uruguay y la República Dominicana.

La Home Fleet

Pero es verdad que fueron las maniobras de la Home Fleet, que se desarrollaron en la ría desde 1874 hasta la Guerra Civil española, las que inundaron de ingleses Vilagarcía, hasta el punto de que no había cafetería en la que no se publicitase el té en inglés ni muchacho que no supiese pedir limosna en peniques. Una colonización lógica si se tiene en cuenta que cada año, casi siempre en enero, desembarcaban 13.000 marinos en una villa que tenía entonces unos 10.000 habitantes. La visión de los acorazados y las corbetas, las maniobras de sus hidroaviones, las recepciones oficiales, los homenajes en el monte de Lobeira, el cementerio inglés o las competiciones deportivas marcaron tanto a la población de aquel entonces que es cierto que una cierta flema británica le quedó a Vilagarcía de por vida.

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