En recuerdo al maravilloso tango donde Gardel decía que 20 años no son nada, igualmente 100 años tampoco lo es en la evolución de una ciudad, aunque si es un período lo suficientemente amplio para poder visualizar con claridad los cambios.
Vilagarcía hace 100 años era una ciudad cosmopolita, que entendía y respetaba sus características que la hacían especial. Era una ciudad asentada en el fondo de una ría maravillosa, conectada con el mundo a través del mar. Gozaba de un trazado urbanístico con orientación este-oeste en muchas calles, orientación que permitía que estas terminasen en el borde del mar, posicionándonos inmediatamente en un potente entorno natural pero también poli-urbano integrado este por los diferentes pueblos de la ría, acrecentando el sentir de unidad geográfica territorial que lejos de otras divisiones administrativas conformaban los pueblos de Arousa. Estas calles también permitían que penetrara hasta el fondo la luz tangencial de las impresionantes puestas de sol, bañando las filigranas de sus hermosos edificios, creando espectaculares juegos de luces y largas y escenográficas sombras. ¡Una bella ciudad de película!
El puerto apenas penetraba 100 metros con una ligera estructura metálica que buscaba el calado necesario para las cargas y descargas. Vilagarcía era una ciudad libre, alegre y llena de perspectivas.
Sin embargo, la inexistente y mala planificación urbana, sin sensibilidad y con una total falta de interés cívico, poco a poco la han ido transformado en una ciudad que ha perdido sus referencias, sus potencialidades. Se ha actuado de forma egoísta, independiente y cada uno a lo suyo, colisionando intereses y ganando el más poderoso, sin una visión global y sensible. El querer un poco de todo trae como consecuencia el no tener nada.
Se han cerrado las perspectivas hacia la ría, plantando un enorme auditorio, un aparcamiento subterráneo, unos edificios fuera de posición y escala, apoyados en brutales rellenos, unos amarres para barcos que han alejado a la ciudad del mar...
Como reparación a tamaña desfeita es de destacar el gran eje peatonal que conforma actualmente la calle Rey Daviña y Castelao. Esta actuación realmente ha invertido una larga trayectoria negativa y abierto nuevamente las esperanzas de reorganización urbana. Esperemos la continuidad en positivo que nos devuelva a los ciudadanos la ilusión y la esperanza de un claro horizonte.