El Capitol y el Arosa marcaron durante años la agenda de fin de semana de los isleños
11 dic 2011 . Actualizado a las 14:51 h.A Illa es un pueblo de soñadores. Soñaron la luz, soñaron el puente, soñaron su independencia, soñaron hacer de Carreirón un paraíso y soñaron incluso una carretera que también hoy es una realidad. A imaginar todo eso les habrán ayudado sin duda las dos fábricas de sueños que, durante muchos años, existieron en esta entonces parroquia, hoy municipio. El Capitol y el Arosa, los dos antiguos cines de A Illa, todavía están en pie dando testimonio del pasado cinéfilo de buena parte de sus habitantes, pero sus proyectores hace tiempo que dejaron de contar historias.
Fue la primera gran crisis, la del 1929, la que devolvió a su tierra natal a Manuel Suárez Cores, que regresó a A Illa desde su emigración en Estados Unidos. Allí acababa de vivir los felices años veinte y una de las épocas de mayor esplendor del arte cinematográfico. Así que decidió arriesgar y, con los ahorros que había conseguido reunir, 35.000 pesetas, creó el primer cine de la isla. Así nació el Capitol, una imponente sala con unas butacas de madera muy peculiares para su época.
Años después, finalizando los treinta, Albino Otero, al que hoy calificaríamos como un emprendedor, decidió remodelar la nave en la que vendía leña y convertirla en sala de proyección. Así nació el Arosa, cuya fachada todavía se yergue en la hoy llamada calle Castelao.
Una sala convertida en cuartel
Ambos convivieron durante varias décadas, atravesando momentos buenos y malos, sonrisas y lágrimas, comedias y dramas. La Guerra Civil fue, seguro, uno de los peores tragos. La sala del Capitol -recuerda el actual propietario e hijo de su fundador, Juan Suárez, Juansuco- fue decomisada y utilizada como cuartel.
Pasados esos años negros, volvió a funcionar hasta que en el año 1977, recién inaugurada la democracia, ardió por causas que todavía no han podido aclararse. Juansuco cuenta, como anécdota, que se decía que la sala había cogido mucha calentura porque habían empezado a proyectarse películas de destape. Pero, bromas aparte, lo cierto es que los daños fueron tales que hubo que demolerlo y hacer uno nuevo. Se inauguró, recuerda Juan Suárez, el 10 de mayo de 1980. «Dez días despois morreron meus pais», comenta.
La primera película que se proyectó en esta nueva etapa fue Superman. En la anterior, había sido Los Inconquistables, una cinta canadiense de indios y vaqueros. Quienes acudieron a ver al superhéroe pagaron 125 pesetas. Los que habían asistido a la sesión inaugural en 1929, 75 céntimos.
Celsa Otero, Chicha, hija de Albino Otero, se hizo taquillera del cine Arosa a los quince años. Eran otros tiempos y había que echar una mano. Recuerda que cuando llegaban las fiestas del patrón se ponía sesión de cine por la tarde y, después, se sacaban las butacas, se convertía el espacio en un salón de baile y continuaba la diversión al ritmo de las mejores orquestas. Lo mismo ocurría en el Capitol, con el que competían, pero en una «competencia sana».
«Os domingos pola tarde poñíase unha película para os rapaces, e despois outra para os maiores. Había o sábado e o domingo, e pola semana só no verán, os xoves ás oito da noite», recuerda. «Primeiro viñeron as mudas, despois as de falar. A xente ía moito ao cine, porque agora puxeron a ponte, pero antes non había outra cousa», cuenta con memoria prodigiosa.