Las cicatrices del veneno negro

Bea Costa
BEA COSTA VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Arousa está limpia de fuel pero queda el poso de una dura experiencia

06 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El Prestige se ha diluido en sus pensamientos, pero ninguno de los cuatro protagonistas de este reportaje ha olvidado. Como para olvidar. Hace nueve años por estas fechas sus manos quedaban ocultas entre el chapapote y sus pulmones estaban saturados de un aire alquitranado que les dejaba sin respiración. Javier Vilas estiraba el cuello buscando aire cuando el 4 de diciembre transportaba en su lancha los capachos cargados con la nefasta estela que dejó el Prestige.

Él y su hijo venían de Os Lombos do Ulla de mariscar, a bordo de Meli, y se encontraron con aquel panorama. Hacía días ya que en Arousa estaban vigilantes ante el temor de que los peores pronósticos se cumplieran, y se confirmaron. La marea negra alcanzó Sálvora, acabó entrando en la ría y de inmediato un ejército improvisado se hizo a la mar. En juego estaba la riqueza natural de la ría pero, sobre todo, el medio de trabajo de miles de personas que tienen sus sustento en lo que cada día extraen del mar. Aquella ofensiva tuvo resultados y el chapapote no llegó ni a las playas ni a las bateas. Pero entonces nadie daba un duro por ganar aquella batalla. «Eu pensei que non se superaba. Pero despois de catro ou cinco días e ver como se involucrou todo o mundo, xa che daba máis tranquilidade», relata desde A Illa Ricardo Dios, Carducho.

Él protagonizó, junto a Benito Rial, Baraca, una de las fotos que a principios de diciembre del 2002 ilustraban la catástrofe que estaba viviendo Arousa. Los bateeiros dejaron sus tareas y se convirtieron en recolectores y transportistas de fuel, y fueron muchas toneladas las que se sacaron de la ría. Hoy, de aquella plaga viscosa no queda ni rastro. «A xente ten que saber que está todo limpo e que o marisco que come está perfectamente».

La solidaridad, lo único bueno

El mar hizo su trabajo pero el factor humano jugó un papel muy importante. Miles de personas arrimaron el hombro en aquellos aciagos días. «O peor de todo era a frustración de ver como estaba a ría, pero tamén quedaba a alegría de ver como desde terra todo o mundo animaba e de como querían axudar», rememora Baraca. Otros recuerdos no dejan ningún saldo positivo. «Eu cada vez que vou aos Lombos e vexo os barcos entrar no porto de Vilagarcía lémbrome do que pasou», comenta Javier. Se refiere a los buques que transportan la mercancía para los depósitos de Ferrazo, algo que los profesionales del mar siguen viendo como una «bomba» dentro de la ría.

¿Qué pasaría si surge otro Prestige? Baraca y Carducho prefieren no pensarlo demasiado, pero se temen que la situación volvería a desbordar a las autoridades. «Estamos igual ou peor preparados que antes, os medios son os mesmos que hai dez anos, eu aquí non vexo ningún barco anticontaminación». Javier desde Cambados coincide con esta valoración. «A situación sería igual de caótica».

Hoy, cuando la televisión muestra otras mareas negras por el mundo, a nuestros protagonistas todavía les invaden sensaciones de estremecimiento y solidaridad. «Hai que pasalo para saber o que é».