Lin-Xu, Made in China

La Voz VILAGARCÍA

AROUSA

Un pintor joven, Xurxo Durán, y un maestro, Lino Silva, se ponen a trabajar juntos

19 nov 2011 . Actualizado a las 14:26 h.

Una exposición, por pequeña que sea, debe ser el resultado de un trabajo meditado y colectivo, aunque algunos sigan pensando que se trata simplemente de manejar bien el martillo para colgar cuadros en una pared. Como en casi todo, cuando hay un proyecto detrás acaba notándose, aunque no sea de forma inmediata. El origen, la gestación y el propio proceso creativo suelen ofrecer suficientes pistas para entender la obra y su trascendencia.

Un pintor joven que busca caminos a explorar, y un maestro que viene de vuelta pero que aún tiene mucho que aportar, se ponen a trabajar juntos en torno a una premisa común, que el resultado forme un conjunto dotado de la necesaria coherencia.

No buscan cobijo en las instituciones públicas, pues entienden que la autogestión debe ser parte sustancial del proyecto, al igual que la participación e implicación de otras personas a priori ajenas a lo específicamente artístico.

La obra «a medias» entre Lino Silva y Xurxo Durán, bautizada irónicamente como «Lin-Xu», se concreta en un bazar en el que cabe todo, aunque obviamente prevalezca la pintura. Y en todo bazar lo kitsch ha de tener una presencia estimable, aunque para ello haya que subvertir los cánones compositivos de la pintura o pintarrajear iconos del arte clásico estandarizados en vulgar escayola y pvc.

En el nuevo bazar de Cambados los objetos-mercancía se relacionan como en los espacios desnudos con sencillas mesas de madera que Steve Jobs diseñó para que los clientes interactuasen con los artilugios tecnológicos de Apple. El arte también quiso bajar de su pedestal de glamur de papel couchê, o de su vetusto podio de museo con aureola, para buscar la inmediatez del escaparate de oferta. Sin renunciar a sus valores específicos, que beben de fuentes tan dispares como el ready-made, el expresionismo abstracto, la seriación casi industrial del Pop Art, el Hard Edge o el propio arte del grafiti, sin olvidar el arte de la Instalación o la insurrección ante algunos presupuestos conceptuales de las técnicas expositivas.

La apuesta ha sido arriesgada. Pero creo que hay que valorar unas propuestas tan ambiguas como sugerentes y divertidas, porque esta experiencia puede constituir un buen punto de partida para abrir nuevos caminos no solo en lo que se refiere a la plástica, sino en la necesidad de buscar nuevos modelos de gestión y, sobre todo, estimular el potencial creativo arousano a través de colaboraciones entre artistas (y aficionados), en crear esa red independiente que dinamice y valorice el arte como expresión cultural y vehículo de comunicación social. La máquina ya está en marcha.

crítica de arte