Un pueblo sin PXOM es un pueblo con problemas. En O Grove lo saben: vecinos y Administración local llevan diez años lidiando con las consecuencias de no tener un ordenamiento urbanístico claro, que refleje sobre el papel lo que se puede hacer, y lo que no, sobre el terreno. Para entender la trascendencia que un plan de ordenación tiene, también para un Concello, basta echar un vistazo a la compleja historia del centro de día.
El anterior gobierno municipal, encabezado por el socialista José Antonio Cacabelos, hizo de la construcción de ese edificio asistencial una de las banderas de su mandato. Disponían de espacio (una amplia bolsa de terreno en la Avenida de Portugal) y, gracias a un préstamo millonario, disponían también de los fondos necesarios para acometer los trabajos. Pero faltaba el PXOM: el documento que dijese que en la parcela de suelo rústico elegida para ubicar el centro de día se podía levantar esa dotación. Para esquivar esa carencia, el gobierno de Cacabelos elaboró un plan especial de infraestructuras. Una figura urbanística que debería dar cobertura a la construcción del inmueble asistencial. Pero en la tramitación de ese plan se cometieron una serie de errores por omisión -no se incluyeron todos los informes preceptivos- y el nuevo gobierno ha reiniciado el procedimiento. El centro seguirá esperando.