Las instalaciones de este establecimiento se han sometido a una puesta a punto millonaria
09 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Nada más cruzar la puerta del Gran Hotel de A Toxa, un instinto obliga a bajar la voz. A hablar en susurros. «Es cierto. Aún cuando hay muchos huéspedes, hay momentos en los que parece que estás solo», confiesa Francisco Marcos. El director de este establecimiento, insignia indiscutible del turismo en Galicia, se ofrece para hacer de guía en un recorrido privilegiado por un inmueble cargado de historia que acaba de invertir, y mucho, en su futuro. Alrededor de un millón de euros han tenido que correr para que el edificio recuperase todo su esplendor.
Lo había perdido tiempo atrás. «En el año 2009 la cadena que durante varios años había gestionado las instalaciones se desvinculó del hotel», explica Francisco Marcos. Cuando el Banco Pastor recuperó las riendas, «las instalaciones no estaban en las condiciones que requiere su categoría». Así que hubo que ponerse manos a la obra y cambiar toldos, impermeabilizar las terrazas, arreglar toda la zona de párking y jardines y acometer también una reforma importante el la zona de balneario y club termal. Alrededor de un millón de euros tuvieron que correr para que todo recuperase el esplendor debido.
Huéspedes reconquistados
El trabajo ha valido la pena. El hotel vuelve a conquistar a sus huéspedes. Una mujer se cruza en el camino de Francisco Marcos y amenaza con «una queja». En realidad, lo que transmite es un halago. «Este trabajo tiene estos momentos de satisfacción», confiesa el director cuando reanuda el camino. Atrás se queda una clienta satisfecha, que asegura no haber estado nunca en un hotel con tanto encanto como el de este clásico de A Toxa. Ha prometido volver.
El mullido recorrido va discurriendo de habitación en habitación. Detrás del número de cada puerta hay un rincón con encanto. Tras el 602 se guarda la Suite Real. Otrora fue residencia del director del hotel, pero en 2005 fue reconvertida en un espacio de lujo. Pesadas cortinas protegen el interior del inesperado sol de octubre, los muebles son recios y delicados, como las hermosas lámparas que han sido acomodadas en varios rincones. Una gran terraza abre la suite al mar. El mismo mar que se puede contemplar desde la bañera de hidromasaje colocada junto a un gran ventanal.
La 602 no es la única suite del Gran Hotel, otras aguardan tras otras puertas. Tras el resto de las láminas de madera hay habitaciones de menor rango, pero revestidas de un barniz de glamur que es inherente al hotel. «Es así, es una de nuestras características», reconoce el director. Habla desde una terraza amplia, con el suelo revestido de madera -como todas las demás del edificio- y muebles exteriores de líneas tan puras como el horizonte en el que se dibuja A Toxa Pequena. El espíritu del Gran Hotel sigue vivo.