Paula y Poza son fieles acompañantes de la selección en los campeonatos
22 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Es la mezcla perfecta: turismo y hobby de una tacada. Y para esa mezcla Paula y Poza estuvieron durante todo un año ahorrando. El objetivo era ir a los Juegos Olímpicos de Pekín. Y lo consiguieron. Acertaron el primer año, porque se fueron un poco a lo loco, sin entradas y con solo el alojamiento asegurado. Pero les salió bien. Tras Pekín llegaron el Campeonato del Mundo de Turquía -en una arroutada todavía mayor porque decidieron hacer las maletas un par de semanas antes de que comenzara- y, ahora, el Europeo celebrado en Lituania. Aquí la locura fue ya para encerrarlos: durante los partidos de la primera fase de la competición se les pusieron los dientes largos al ver a caras conocidas en la grada; el día 2 dijeron allá vamos, y el día 5 allí estaban.
Comencemos por Pekín. «Era unha ilusión que tiñamos», recuerda Paula, que afirma que se tomaron la aventura como «a viaxe da nosa vida». Porque en realidad fue toda una aventura. Decidieron ir sin entradas pero con la convicción de que preguntando se llega a Roma. En realidad, llegaron primero al hotel donde los que habían comprado sus boletos con antelación debían recogerlos -y muchos no lo hacían- y después a la Federación Húngara. Y con esas dos pistas consiguieron ir hasta a diecisiete eventos: vieron partidos de Nadal y Federer, a Marta Domínguez en la final de los tres mil obstáculos, las medallas de Gemma Mengual y del equipo de balonmano e incluso un encuentro de bádminton con unas entradas que les regalaron unos estadounidenses.
Una espina clavada
Pero, ay, en Pekín se quedaron sin poder disfrutar en directo -la vieron en una pantalla gigante- la final de baloncesto entre Estados Unidos y España. Un partidazo y una espina clavada de la que intentaron desquitarse dos años más tarde en el Mundial que se jugó en Turquía. Allí llegaron en la segunda fase y otra vez sin entradas. Pero eso no fue el problema. «O problema foron os serbios», recuerda Paula, testigo de excepción de aquel triple que clavó Teodosic prácticamente desde Belgrado y que dejó al equipo de Scariolo compuesto y sin medalla.