El domingo el bar se cerró a las diez, cuando ni siquiera habían finalizado los partidos de fútbol
20 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando hace un año Karen Ibarguen y su marido, Manuel Abal, se hicieron cargo del bar que hoy regentan en la calle Doctor Tourón ni se imaginaban los problemas que se les venían encima con el suministro de agua. Abrían un local en el centro de una ciudad de casi cuarenta mil habitantes, se suponía que el servicio de abastecimiento estaba garantizado, pero no era así.
Karen lleva la cuenta. Desde que están en este negocio hasta ayer a mediodía padecieron nada menos que ocho cortes de agua. Y la cifra -sospecha- seguirá creciendo. «Lo arreglan y rompe en otro sitio», se queja.
Las primeras veces lo pasaron por alto, pero llegó un momento en el que la pareja decidió que tenían que hacer algo. Así que pensaron en reclamar, pero se encontraron con un nuevo problema: saber dónde tenían que hacerlo. «En la empresa nos mandan reclamar en el Ayuntamiento, y en el Ayuntamiento nos mandan a ellos», así que hasta protestar se pone difícil.
Cuando por fin consiguieron poner una reclamación, la respuesta fue que habían pedido mucho y, por lo tanto, no les aceptaron nada. «Rompieron la piedra de la entrada y tuvimos que cambiarla», se queja. Al final tuvieron incluso que cambiar de seguro, porque el que tenían inicialmente no se hacía cargo de este tipo de incidencias.
Cada vez que el agua faltaba, Karen tenía que cerrar las puertas. Las primeras veces fue por la mañana, y fueron seis mañanas cerrados. «Por la mañana es cuando más cafés haces», explica la mujer, y para hacer café es imprescindible el agua.
El domingo ocurrió por la tarde, así que tuvo que adelantar la hora de cierre. Normalmente se van a casa alrededor de la medianoche; anteayer lo hicieron a las diez, cuando ni siquiera habían finalizado los partidos de la liga de fútbol. Ya el sábado habían tenido problemas, y el domingo por la mañana también, así que no es de extrañar el enfado de Karen y Manuel. «Mi marido se enfadó y puso un cartel en la entrada diciendo que era la sexta vez que faltaba el agua».
Mientras la mujer cuenta su experiencia con esta desafortunada situación, los operarios trabajaban a pocos metros de allí para reparar la avería. Minutos después, una nueva rotura en la red obligaba a cortar el agua. La desesperación regresa al rostro de Karen: «Tengo que cerrar o decirle a los clientes que no pueden usar el baño».