Retornos

Xurxo Melchor H

AROUSA

ubo un tiempo en el que me pareció vivir atrapado en un eterno retorno. En una consecución previsible y machacona de acontecimientos. En un de oca a oca y tiro porque me toca en el que siempre sabías qué iba a salir en tu dado y cual era la próxima casilla en la que caerías. La Navidad traía los Reyes, que te llevaban al carnaval para enganchar con la Semana Santa y, tras ella, una eterna secuencia de fiestas y eventos marcados en rojo desde siempre en el calendario de tu vida de acuario. De tu existencia encerrada por unas paredes transparentes pero impenetrables. La vuelta al cole era una de esas cosas que ocurrían y ocurrían una y otra vez sin más final que el que cada uno tenga. Era parte de ese hastío. Pero la vida, como casi todo, tiene dos caras. Dos caras que son la misma. Una es pesimista. Cansina en su aburrimiento. Ve negro hasta el azul. Esa siente que cada San Roque, cada campaña electoral o cada Festa do Marisco es parte de la rueda que le atormenta y le aliena. La otra, la optimista, tiene visión tecnicolor. Distingue los colores. Y ve también los cientos de pequeñas, medianas y grandes diferencias que diferencian un día del otro. Un año del anterior. Que ve seguridad en reconocer algunas de las cosas que le rodean, pero que sonríe ante cada cara nueva con la que se cruza, que es capaz de volver a estremecerse ante el mismo paisaje, que sabe que la felicidad no es una opción, sino una forma de entender el mundo. De entenderse a sí mismo. De volver sin perderse.