V
ilagarcía no está para echar cohetes. Las arcas del Ayuntamiento están secas como el monte en plena sequía. En alerta roja. Nada que no le pase al resto de administraciones. Es la crisis. La dichosa tempestad que nos ha hecho expertos a la fuerza en teoría económica. Hoy es posible hallar taberneros capaces de explicar sesudamente la cuestión de la deuda y hablar del bono alemán como quien menta el último gol de Messi. No, Vilagarcía no está para echar foghetes, pero los echará. Un año más y pese a recortes sobre recortes, las fiestas de San Roque tendrán su Combate Naval. En unos minutos, un pastón se esfumará en humo y colorines. Un dineral con el que podríamos, por ejemplo, pagar parte de las ayudas que los clubes deportivos no podrán cobrar porque no hay presupuesto. El nuevo alcalde vilagarciano, Tomás Fole (PP), va a tener que hacer encaje de bolillos, porque las cuentas no salen en Ravella. Mi abuela pasó muchas crisis. Y siempre decía que a grandes males, grandes remedios. Y es lo que hay que empezar a meterse en la cabeza. En la España que nos queda. En este páramo de paro y pérdida de actividad económica. En este abismo de país que nos han dejado, hay que empezar a hacerse a la idea de que ya no podremos seguir viviendo como hasta ahora. Hay que mentalizarse de que desaparecerán clubes deportivos. Que no se pueden pagar tantas subvenciones. Y que no tiene mucho sentido quemar en foghetes el dinero que ya no tenemos.