La comarca acumuló en un año 200 expedientes de regulación

maría santalla VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Cuarenta empresas entraron en concurso de acreedores desde el 2010

30 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Los municipios de la margen sur de la ría de Arousa y los del Baixo Ulla rebasan la escalofriante cifra de los 15.000 parados, unos «datos dramáticos», según el análisis que ayer hacía sobre el particular el sindicato CIG. Dramáticos, sobre todos, porque tras ellos se esconden multitud de situaciones difíciles: «A situación vaise deteriorando e as condicións de vida son cada vez máis desfavorables», exponía ayer desde la Confederación Intersindical Galega Xan Bouzas, Tupi.

Esto es así por la situación de crisis económica pero también, según la óptica de la CIG, porque las medidas que ha impulsado el Gobierno para combatirla no son las más adecuadas; por el contrario, son incluso «contraproducentes».

Prueba de esta difícil situación económica es el «goteo constante de expedientes de regulación de emprego e concursos de acreedores». En los municipios de la comarca, a lo largo del año 2010 y lo que va del 2011, se han presentado, según la CIG, unos 200 expedientes de regulación de empleo. Además, cuarenta empresas han entrado en concurso de acreedores.

Detrás de estos fríos datos se esconden rostros e identidades con nombres y apellidos. Ayer, junto al responsable de la CIG se sentaban algunas de esas caras de la crisis. Una de ellas es la de Juan Ferreira, de Catoira, que trabajó en Productos Ulla durante 36 años y que con 55 se ha quedado en la calle tras el concurso de acreedores en el que entró la empresa.

Roberto Abal es un vilagarciano que trabajó en el metal en una empresa que operaba para la construcción. Después de más de treinta años en la compañía, recibió una carta de despido en la que justificaban su baja «por causas obxectivas».

La cuntiense Raquel Touriño también fue despedida «por causas obxectivas», aunque desde la CIG creen que los verdaderos motivos tienen que ver con su militancia sindical.

Otro caso es el de Manuel Abal, un hombre de Meis que trabajó en el sector de la carpintería y que fue despedido de dos empresas tras varios años de trabajo. O el de Manuel Rivas, de Vilanova, que también se ha quedado sin empleo. «Todo isto non respecta sectores nin idades nin antigüidades», recalca Xan Bouzas.