Inestable

Xurxo Melchor H

AROUSA

ay equilibrios inestables. Perfectos en su imperfección. Redondos como un texto de Allan Poe. Hermosos como un poema de William Blake. Grandiosos como la muerte de los héroes antiguos. Hay veces en los que la virtud está en el defecto. En lo que falta. No siempre lo malo es malo ni lo bueno es bueno. Casi siempre depende. Es relativo. Hay tormentos de los que han nacido luces tan blancas como el arte de Van Gogh. Hay tristezas que han hecho más por la humanidad que todas las alegrías de un año juntas. Pero desgraciadamente hay poca lírica en la política, salvo deliciosos brotes de verde esperanza como el movimiento del 15-M. Un gobierno inestable no es como un pintor inestable. Ni como un escritor atormentado. De ellos, de su mal, surgen destellos de genialidad. De la inestabilidad en un gobierno solo mana el desastre. José Antonio Cacabelos (PSOE) quiere ser alcalde de O Grove. Esquerda Unida y el BNG le apoyarán, pero no gobernarán con él. Cacabelos depende de Ayda Filgueira. Si ella le vota, el PP se quedará con las ganas de recuperar el bastón de mando. La lideresa de AMeca tiene dos opciones. Una es votar con el corazón socialista que siempre ha tenido. La otra es votar con la cabeza. Tiene que escoger entre la inestabilidad de un gobierno débil, en minoría y perpetuamente vigilado y zancadilleado por el Bloque y EU o por uno fuerte, en mayoría y con el pueblo como único juez de sus acciones. La decisión no es fácil. Pero hay que tomarla. Y mejor antes de subir la escalera del pleno.