S
i me encargasen escribir la biografía del gran Alejandro lo haría mal. Mi admiración por el rey de Macedonia me haría obviar sus errores. Sus desvaríos. Su crueldad. Si a un franquista declarado como el historiador Luis Suárez le encargan escribir sobre Franco el resultado es el mismo. O peor. Porque los errores, los desvaríos y las crueldades del dictador son más cercanos y más recientes. Y sus heridas aún cicatrizan en esta España siempre partida en dos. El diccionario biográfico español que va a publicar la Academia de la Historia, una obra de referencia, dirá sobre Francisco Franco que no era un dictador, que no era totalitario, que salvó a España de la Guerra Mundial y que todo lo que hizo fue para bien. El texto lo ha escrito este señor Suárez, que es más franquista que Franco. Porque Franco se autodefinía como totalitario y el diccionario dice que un dictador es aquella persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica. Blanco y en botella. La historia exige distancia del hecho a estudiar y de sus personajes. Suárez no la tiene. Y es muy grave. Porque el diccionario biográfico que ha manchado con sus falsedades debe de ser de todos los españoles. De los que, como él, ganaron aquella guerra. Y de los demás. De los que murieron en las cunetas y en los campos de concentración. De aquellos a los que aún nos recorre un escalofrío cuando Contador gana el Giro y suena por error el «Viva España, alzad los brazos hijos». Para Suárez no será un error. Qué espanto.