...y pasó lo que tenía que pasar

Serxio González Souto
SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Cuatro buenas razones para que el PSOE perdiese Ravella

29 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

No hace falta devanarse los sesos, porque el resultado estaba cantado. Hasta el final hubo quien cifró sus esperanzas en una remontada de última hora que permitiese atar el gobierno y abrir una nueva etapa al frente del Concello de Vilagarcía. Pero las cartas hace tiempo que estaban boca arriba. Y difícilmente la apresurada cabalgada contra el horizonte de uno de los próceres del PSdeG, en este caso su secretario provincial en Pontevedra, Modesto Pose, podría haber remediado la imagen de improvisación, falta de autoridad, nefasta gestión, incomunicación y alegre albedrío que, salvo honrosas excepciones, el grupo socialista dejó que prendiese entre la ciudadanía desde que el fiasco de la dimisión de Enrique León inauguró este patético mandato en Ravella.

Vamos allá con cuatro razones -por aquello de resumir, porque podríamos emplear lo que no está escrito en enumerar los motivos- para explicar la caída del puño y la rosa en la capital arousana de una alcaldía que ostentaba desde 1991. Lo primero, y más obvio, es la pretensión de que cuatro cabezas de lista -el propio León, Dolores García, Carlos Guerrero y Modesto Pose, sin contar a Marcelino Abuín, porque entonces serían cinco- pasen a mejor vida política en apenas cuatro años y las consecuencias de semejante desfile sean inocuas. Siendo objetivos, ante tal despropósito conseguir 5 concejales y quedarse a 198 votos de la posibilidad de reeditar el gobierno municipal es para que en la casa socialista echen cohetes.

El segundo escalón de esta escalera hacia el infierno es la devastadora imagen que el bipartito se ganó entre los vilagarcianos. Resistió mejor el BNG. Lógico, porque pese a los gastos de Cultura, a controversias de fin de mandato como la de las terrazas, y a una campaña en la trinchera, sin levantar cabeza, al menos el teniente de alcalde, Xosé Castro Ratón, ejerció durante cuatro años como referente para que el vecino tuviese con quien hablar en el primer nivel del gobierno local. Una anécdota es lo suficientemente reveladora. El viernes, dos días antes de las elecciones, un hombre al que un camión arrancó media pared de su vivienda al tiempo que el cableado del teléfono, trató de entrevistarse con la regidora, buscando el amparo de la institución municipal. En la alcaldía había gente, pero nadie se molestó en recibirlo. Bonita manera de retener votos.

A estas alturas resulta ocioso insistir en la socavación de la poca autoridad que Dolores García podía encarnar a la que se aplicó el concejal Abuín desde el primer momento. Dicen que faltaba quien mandase en el grupo del PSOE. Craso error. Mientras el de Carril no perdió el control de sus propias ensoñaciones, con enormidades del tipo del párking de Fexdega y los bancos de Ravella, en las filas socialistas no hubo quien discutiese una sola de sus órdenes. Cuervo, a su vez, dormitaba en un rincón, aislado.

El tercer paso hacia el abismo tiene que ver con el cainismo reinante en las filas del PSOE. La asamblea que aupó a la actual ejecutiva consagró lo que Ortega, hace casi 90 años, definió como particularismo. La tendencia de las partes de un conjunto social a creer que lo son todo, prescindiendo de los demás componentes del puzle. A los críticos heterogéneos les sobró rencor para intentar una reconciliación sincera y un trabajo en condiciones por el proyecto común. A la dirección local le faltó generosidad para integrar lo positivo de sus contrincantes internos pero compañeros, a la luz del resto del mundo, de siglas. Les faltó calle les y sobró política de laboratorio. Ah, y también está Zapatero, que ahora resta cuando antes sumaba. No olvidemos al cuarto hombre.

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