Paralelas

AROUSA

Un periodista dedicado a la campaña electoral sufre con frecuencia el síndrome del político. Es como una ponzoña que se insufla de golpe. Como una atracción misteriosa hacia el abismo total en el que residen los que están metidos en esto de la política. En ese agujero negro que todo lo atrapa. En una realidad paralela en la que se habla de cosas de las que la gente no habla. En un mundo de encuestas, estudios, porcentajes, leyes de D?Hont, fotos retocadas, programas imprecisos, debates y mítines inútiles porque el público ya es adepto. El resto del mundo sigue hablando de sus cosas. De las cosas. De la dura cotidianidad exenta de artificios, abrazos fraternales a pie de palco, insultos camuflados de jocosidad e himnos machacones a todo volumen. La política, todo lo que la rodea, y la realidad son casi siempre líneas paralelas que vienen y van. Que se giran y contornean. Pero que no se acercan jamás. Son lenguajes diferentes. Uno normal y otro encriptado. Si hiciésemos una encuesta entre los electores de esta comarca y les preguntásemos cómo funciona un Ayuntamiento. Cómo se reparten las funciones gobierno y oposición. Cuáles son las atribuciones de unos y otros concejales. Si les preguntásemos lo más mínimo sobre cómo, cuándo y por qué se hacen las cosas en el lugar en el que se decide a menudo su futuro, que es el Concello de turno. Pocos, de verdad, pocos, sabrían contestar. Y a muchos menos les interesaría la respuesta. Es para echarse a temblar.