La banda de Nic Offer ofreció el mejor concierto del Festival do Norte
08 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Estos nunca defraudan». Era el sabio augurio que quienes habían tenido en alguna ocasión la oportunidad de ver en directo a !!! (Chk Chk Chk) trasladaban a los neófitos. La banda estadounidense que lidera el inquieto Nic Offer era la más esperada en la jornada inaugural del Festival do Norte. Cerraban la noche en el escenario principal. ¡Y de qué manera! Sesenta minutos de agitación sonora llevada, por momentos, al extremo del paroxismo. Los neoyorquinos son de los que piensan que en esto de la música la sutilezas se quedan en el estudio de grabación. Sobre el escenario, lo que priman son las vísceras.
Y sin periodo de prueba ni de adaptación. Desde el minuto uno se supo que aquello iba a ser una fiesta. ¿Sus argumentos? Un frontman hiperactivo y estimulante, una banda solvente con un aplastante sección rítmica, y un repertorio molón que combina sin prejuicios ingredientes del punk y del dance, del soul y del rock. Ni siquiera necesitaron Chk Chk Chk recurrir a sus más pegadizos estribillos para enardecer al personal. Offer, transmutado por momentos en una especie de Madonna perseguida por el Coyote, situó a los suyos, y a los demás, en un clímax tal que algunos de los más veteranos del festival vilagarciano ya sitúan como el mejor concierto en sus diez años de historia.
Con todo, posiblemente quien más kilómetros hizo ayer sobre el escenario del Festival do Norte fue Delafé. La actuación del grupo catalán marcó el punto de inflexión del festival en la noche del viernes. Con ellos llegó la fiesta. No resulta fácil explicar cómo ese buenrollismo políticamente correcto de Delafé y las Flores Azules consigue apasionar por igual a públicos de tan distinto pelaje. Pero lo cierto es que así es. Su propuesta de pop naif y hip hop almibarado, eso sí, sabiamente salpimentada por una chispeante sección de vientos, conectó con el personal. Hasta el punto que fue el único grupo de la primera jornada que hizo un bis.
Había expectación por ver a Chapel Club. Llegaban a Vilagarcía alabados por la crítica como la gran esperanza del pop británico para recobrar su vitalidad. Y, efectivamente, dejaron entrever que no son un grupo más pero les faltó repertorio para dotar a su concierto de una emoción que solo apareció de forma intermitente en los dos o tres temas que el público conocía. Como ha ocurrido tantas veces uno tiene la sensación de que en el futuro se oirá hablar mucho de Chapel Club. Y que el público del FDN podrá decir «yo los vi primero».
Desde Manchester llegaban May 68. Y bien que lo acreditaron ya desde los primeros acordes de su bajista, quien dio buena cuenta de la herencia de Peter Hook. La joven banda demostró que son aventajados alumnos en eso de la coctelería sonora y que beben sin escrúpulos de cuanta fuente encuentran en el camino. A seguir.
La tarde, para Nadadora
Nadadora, la representación arousana en el primer día de festival, demostró que es en este tipo de eventos donde mejor se desenvuelven. Fuero, con permiso de Joe Crepúsculo, los triunfadores de la sesión de tarde. Su algarabía ruidosa fruto de las destrezas a los pedales de sus componentes se vio aderezada en uno de los temas por la sección de vientos de Delafé y las Flores Azules. El refrescante resultado, muy bien recibido por el público, debería hacer pensar a los de O Grove en la posibilidad de coquetear con más frecuencia con este otro tipo de influencias.
Cerró el escenario Caixanova Joe Crepúsculo con lo que se esperaba de él. Ser lo más moderno tiene estas cosas. Si un gurú musical, en este caso el RockdeLuxe, alaba tus discos como lo mejor del año, da igual que lo hagas sobre el escenario esté a caballo entre OBK y el sonido verbena. Hay que aplaudir y venerar. Aunque solo sea por estética. Cierto es que Joel Iriarte enriquece sus composiciones con destacadas letras. Pero no sé por qué me da que no era eso lo que ponía en aquel estado a los entregados jóvenes de las primeras filas.
Fidelidad mutua
En la primera jornada el Festival do Norte y su público hicieron de nuevo alarde de la mutua fidelidad que desde hace tiempo se profesan. El festival con una propuesta coherente con la interesante línea mantenida en los últimos años. El público, con una respuesta sublime, no tan solo por la cantidad ?más de seis mil espectadores- sino por su actitud. Una actitud que se ha convertido en poco menos que emblema del evento vilagarciano. Y que este año se palpa aún más gracias al efecto ?acogedor? que ofrece la carpa que alberga al escenario principal. El efecto caracola.