La geometría política dibuja, en Galicia, un triángulo escaleno conformado por Partido Popular, PSOE y BNG. Ninguno de sus lados tiene la misma longitud, aunque uno de ellos, el conservador, acostumbra a igualar la suma de los otros dos. Los pequeños desplazamientos que experimenta este frágil equilibrio, hoy un poco más a la derecha, mañana un pelín hacia la izquierda, constituyen el enorme campo de batalla en el que se baten gobiernos, gestiones e ideologías a diestro y siniestro.
Acostumbrados a este particular estado de cosas, los habitantes de esta esquina apenas concebimos dos alternativas en la gestión de nuestra instituciones: o el gobierno de un PP distinguido con la mayoría absoluta o la alianza de las dos formaciones de la izquierda, que en ocasiones pueden ser tres con la suma de Esquerda Unida, tal es el caso de Vilagarcía, o incluso cuatro si, como en O Grove, la toponimia electoral se enriquece con independientes de aroma más o menos galeguista. Así se echan las cuentas por estos lares, con una cierta miopía que nos lleva a considerar que si los conservadores de Tomás Fole no alcanzan los once concejales, en solitario o con la contribución de de José Luis Rivera al logro de la mágica cifra, las puertas del gobierno permanecerán cerradas a cal y canto.
Este mismo patrón establece en cambio que, de redondear las tres opciones zurdas el número fetiche, serán ellas las que gobiernen en feliz coalición. Pero el escenario de la capital arousana es más complejo. Las difíciles relaciones entre PSOE, BNG y EU auguran una muy compleja convivencia al frente de Ravella. Esto, sin tener en cuenta la imagen de salve quien pueda lo suyo, y del resto ya veremos, que emana de la experiencia bipartita, un precedente no demasiado afortunado para lo que la izquierda tal vez tenga que ensayar tras el 22-M. Porque una cosa es poner la primera piedra de algo nuevo -véase Gago en el 91- y otra muy distinta sellar con ella un lento decaer. En otras palabras, o los socialistas mantienen una diferencia que les confiera autoridad sobre sus socios o muy bien pudiera suceder que el PP, aun sin mayoría absoluta, gobernase Vilagarcía.