08 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
En su formulación clásica, de origen básicamente medieval, sin perjuicio de pervivencias pretéritas, el Carnaval ofrece la oportunidad de invertir durante un breve lapso el orden social. El pobre azota al rico. Carne y vino hasta reventar para, a continuación, dar entrada al ayuno y la penitencia. Tal como está el patio, mucho más tendría que durar este carnaval para aplacar la tensión que la crisis económica y social generada por los poderosos nos induce al resto.