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El Gobierno y la Junta de Andalucía acuerdan suspender el homenaje a las víctimas de Adamuz

24 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

a nuestra es una sociedad audiovisual. Una cultura de la imagen. Una dictadura del directo en la que se retransmiten guerras, revoluciones y hasta polvos bajo un edredón como si fuesen partidos de fútbol. Vivimos en un mundo en el que cuenta menos lo que pasa que lo que parece que pasa. Cuenta más lo que piensan los demás de ti que lo que tú sabes de ti mismo. Que lo que eres. Nadie es ajeno a esta locura. Aunque hay quienes se han dejado llevar más. Quienes más profundo se han adentrado en el océano del lo que importa es salir en la foto. En este grupo destacan los políticos. Muchos están más preocupados por salir en la foto que en que el acto a fotografiar tenga una verdadera utilidad. Hasta llegar al bochorno que vivimos el lunes en Vilagarcía durante un acto sobre Cuba y Galicia que contó con la presencia nada más y nada menos que don Xosé Neira Vilas. Y yo el don se lo pongo a poquita gente. Resulta que llegadas las diez de la noche, el funcionario dijo que había que interrumpir el acto porque había dado la hora. No la del bocata. La de irse a casa. El concejal de Cultura, Xosé Castro Ratón (BNG), había ido al acto. Se hizo la foto y se fue. No se preocupó de que todo saliese bien. De ordenar ampliar el horario del auditorio ese día. O, simplemente, de advertir a los organizadores de que a las diez había que plegar velas. Dos cosas me quedan claras. Que salir en las fotos es la religión de muchos y que en el Concello de Vilagarcía tienen un problemón con el personal. Tanto lo uno como lo otro tiene difícil solución.

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