odo lo que empieza tiene un final. Todo acaba. Las cosas importantes a menudo no tienen uno solo. Tienen muchos finales. Así que el que de verdad importa es el final de los finales. Por así llamarlo. Algo que ha sido verdad es raro que acabe una sola vez. Tiende a acabar, a seguir y a volver a empezar. A enredarse. A encadenar finales. Como diría Marx, Groucho Marx, a ir de victoria en victoria hasta la derrota final. Hasta el final de los finales. La vida es así. Uno empieza, abre puertas y las cierra. Inicia y acaba cosas. Vence y es derrotado. Y todo a la vez. La política es como la vida misma. Un ciclo tras otro hasta el final de los finales. El buen analista político debe de dilucidar cuando estamos frente a un ciclo que encadena otro. Algo así como un reciclo. Y cuando estamos ante un final de los finales. Y eso es exactamente lo que tenemos en Vilagarcía. Una duda. Un cruce de caminos. O la ciudad vive un reciclo o un final. Esa es la cuestión. Si ganan las izquierdas, el PSOE viviría un nuevo ciclo, aunque no se parecería en nada a los otros dos anteriores. Este último con Dolores García en la alcaldía y el anterior de dieciséis años de Javier Gago. Un ciclo. Un final. Pero no el final. El final verdadero es siempre el principio de algo del todo nuevo. Y ese final de finales llegaría si el PP lograse la mayoría absoluta y Tomás Fole fuese alcalde. Y como en la vida misma el destino nunca está solo en nuestras manos. Dependemos de los demás. Pero ni a los ciclos ni a los finales hay que temerlos. Son la vida misma.
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