Harían bien quienes gestionan tanto el Concello de Vilagarcía como la Consellería de Medio Ambiente e incluso la Cámara de Comercio en tomarse en serio el impresentable espectáculo del río que atraviesa el ya famoso garaje de Rodrigo de Mendoza. Harían bien en preocuparse por el callejón sin salida al que han conducido al centenar largo de afectados por este bochornoso asunto. Todas las promesas se han esfumado a la misma velocidad con la que el dinero desaparece de sus cuentas corrientes cada vez que el regato se desborda. Hartos, anuncian una demanda que, en realidad, es una querella contra el funcionamiento de unas instituciones incapaces de dar solución a un problema tan evidente como sangrante tras ocho años interminables de tramitaciones. El autor de la infracción es un empresario bien situado que ha ganado un buen dinero, pero no es menos cierto que obtuvo licencias y visados que jamás deberían haberse expedido. Cada día de retraso en la resolución de este disparate es una patada a la credibilidad del sistema.