No hay peor estupidez que la que se ejerce desde la incapacidad creyéndose el más capaz de todos. El concejal de Xestión do Territorio de Vilagarcía, Marcelino Abuín, ha demostrado ser incapaz para gobernar. Tuvo 2,5 millones de euros en sus manos que el Concello tendrá que devolver porque no supo ni cómo ni en qué gastarlos. Solo se le ocurrió hacer un aparcamiento subterráneo en Fexdega que obligaba a pagar por algo que ahora es gratis y que olía a chamusquina, sinceramente. Ha sido incapaz de que los vecinos de Rubiáns tengan la plaza que ellos quieren y necesitan. La lista es más larga, pero lo último ha sido aniquilar los bancos del parque de Ravella. Lo ha hecho como es él. Con soberbia. Y por sus gónadas masculinas. Porque a él le parecen un «bodrio». Y porque dice que no tienen valor patrimonial. ¿Qué es el patrimonio? No lo son acaso los recuerdos de todos los vilagarcianos que pasean desde hace casi un siglo por Ravella y ven unos bancos con la misma estética. No son patrimonio los recuerdos. Yo creo que nuestro único patrimonio real es la memoria. La que evocan ahora las fotos de tantos vilagarcianos colgadas en las vallas de las obras. Fotos en los bancos de Ravella. En ese «bodrio». Fotos de protesta. Contra el bodrio de concejal.