Los dos pabellones del complejo deportivo de Fontecarmoa fueron el escenario ayer de una competición muy especial, la Copa Galicia de baloncesto que organiza la Federación Galega de Deporte para Discapacitados Intelectuais. Una cita muy especial y que demostró a los que se acercaron a presenciarla que, a veces, participar vuelve a ser lo verdaderamente importante en el deporte.
Los exteriores del pabellón número uno de Fontecarmoa estaban repletos de autobuses y furgonetas. Lógico, según los datos de la Fundación Pública de Servicios Deportivos Municipais de Vilagarcía, que colaboraba en el evento, fueron cerca de trescientos los deportistas que tomaron parte en la competición.
Los equipos se dividían atendiendo a los grados de discapacidad de sus integrantes. Así, en el pabellón uno de Fontecarmoa se jugaron encuentros con las normas que rigen el baloncesto normal. En el pabellón número dos, por su parte, la pista se dividió en tres canchas. Ahí, los equipos jugaban en distintas modalidades, con reglas específicas. Eran partidos de tres contra tres en dos de ellas y en la modalidad de juego las normas eran más flexibles porque los participantes tenían un mayor grado de discapacidad.
A pesar de que alguno de los baloncestistas se enfadaba, «ahora no juego más», llegó a decir uno cuando le robaron un balón, la camaradería entre los participantes fue la nota habitual en los partidos. Y era una cosa continua. Cuando un encuentro acababa, otro se aprestaba a comenzar, con un breve calentamiento, rueda de tiros incluida.