Mar Lojo, la directora del Servicio de Prevención y Atención a los Drogopedendientes (SPAD) de Vilagarcía ha presentado su dimisión al cargo. La decisión de la doctora se trató la semana pasada en comisión de gobierno, y los responsables municipales se dieron por enterados. Ahora deberán buscar a otra persona que se haga cargo de un servicio que atiende no solo a los drogodependientes de Vilagarcía, sino a los de un amplio ámbito geográfico que se extiende por casi toda la comarca.
Mar Lojo confirmó ayer su decisión irrevocable, que se debe, fundamentalmente, a cuestiones personales. «Llevo ya 16 años y quiero centrarme en mi faceta de médico», subrayó. De hecho, seguirá en el SPAD como doctora, atendiendo a los pacientes y prescribiéndole los tratamientos, labor que ya ejercía hasta la fecha y que compatibilizaba con la coordinación del servicio.
El gobierno local deberá ahora nombrar un sustituto, aunque al menos hasta fin de año seguirá Mar Lojo, a la espera de que otra persona se ponga al frente del servicio. Lojo aprovechó el conocimiento público de su renuncia para agradecer su colaboración tanto al personal del SPAD como a los responsables, funcionarios y trabajadores del Concello.
El servicio no vive en la actualidad sus mejores momentos, después de que la Xunta recortase las aportaciones a los SPAD gallegos y acordase nombrar a la Fegamp (Federación Galega de Municipios e Provincias) como organismo mediador entre los concellos y la Administración autonómica para todo lo relacionado con los servicios de prevención y atención a los drogodependientes.
A todo ello se sumó hace unos meses una movilización de algunos usuarios del servicio, que protestaban por la gestión del mismo. Unos denunciaban las trabas que se les ponía para recibir la metadona en su domicilio y otros se quejaban de que llevaban más de 15 años de tratamiento sin que se les aportase solución alguna.
Protestas
Hace solo unos días, uno de los usuarios y su madre protestaron por cuestiones parecidas. El paciente acababa de sufrir un accidente y tenía dificultades de movimiento, por lo que era su madre la que se acercaba al SPAD para recoger la metadona. Días después, Mar Lojo lo vio en la calle, por lo que a partir de entonces ya no se le suministró la dosis a la madre, conminándolo a acudir al servicio. Según la madre, ese día había salido para ir al médico. Según la directora, «iba con las muletas debajo del brazo. Si podía ir al médico también podía venir al SPAD; aquí las normas son iguales para todos».