Padre e hija han colaborado por primera vez en la construcción y el montaje del Belén de Valga, uno de los nacimientos más conocidos de la comarca
12 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hay un concello en la comarca donde los aires de la Navidad llegan con más fuerza y donde los vecinos viven estas fechas de una forma más especial. El Belén de Valga ha cumplido este año su dieciséis aniversario y cada vez son más los que ayudan para darle forma.
José y María Lagos son un ejemplo de ello. Padre e hija se unieron este año a las decenas de personas que cada vez que llegan estas vísperas ponen su granito de arena para que el nacimiento luzca con todo su esplendor. Un trabajo que ya es toda una tradición y que tal y como aseguran les ha enganchado por completo, tanto que ya esperan que llegue el próximo diciembre.
Y es que aunque levantar este gran pesebre no es un trabajo sencillo, los dos aseguran que no cambian por nada la experiencia, y que los días de esfuerzo son cada día recompensados por los centenares de personas que visitan la instalación: «Cuando veníamos a trabajar cada tarde dos o tres horas nos pasaba el tiempo volando. Es como si el reloj se parase», afirmaron.
Ni José si María son especialistas en ebanistería, pintura o en cualquier otra habilidad artística. Ambos aseguran que para trabajar en el Belén solo es necesaria la ilusión.
Una función para cada uno
El padre desempeñó durante todo este mes labores de carpintería y la hija se dedicó a pintar las figuras y a colocarlas. Ver la cara de todo el que se acerca al pesebre es suficiente para darse cuenta de que han hecho un buen trabajo.
«Cuando yo salía de la fábrica y mi hija del colegio veníamos los dos juntos a pasar aquí las tardes. Eso sí, primero ella hacía los deberes», señala José con orgullo.
María es la vecina de Valga más joven que se ha animado este año a participar en los trabajos para poner elaborar el nacimiento. ?«Este año mis amigas no se han animado a venir, pero espero convencerlas para la próxima», dijo.
Al igual que a su padre, la pieza que más le gusta es la catedral de Santiago de Compostela, que luce en medio de las figuras y que según afirman costó mucho esfuerzo levantar.
Además, se emocionan al ver plasmados en sus trabajos personajes y celebraciones que han marcado la historia de Valga. Conocen los rincones del Belén como la palma de su mano y sonríen cada vez que lo recorren.
El libro de visitas que se encuentra a la entrada de la sala que acoge el Belén en Rúa Nova, está plagado de firmas, muestra del agradecimiento de los que lo conocen.