Ciudadanos de segunda

Miguel Ángel Rodríguez Arriero

AROUSA

Mil novecientos trece representa una fecha fatídica para Santiago de Carril y Vilaxoán. Es el año que marca el punto de inflexión hacia la decadencia. El punto y final del imprescindible puerto de ultramar de Carril. Su descapitalización administrativa en pro de Vilagarcía. Carril se quedó sin su aduana, sin su consulado y sin sus consignatarios de buques. Los problemas económicos que acuciaron a Vilaxoán y Carril y la sustitución de la vela por el motor en los barcos, fueron los detonantes que desencadenaron la fusión de ambas parroquias con Vilagarcía. Las tres villas se constituyeron en un único ayuntamiento. Desde entonces, Carril y Vilaxoán perdieron su importancia y la autonomía jurisdiccional como municipios, para convertirse de hecho en barrios de la nueva Vilagarcía. Aunque hay que decir que ni Carril, ni Vilaxoán se sienten como tal, sino que se reconocen como pueblos con su propia idiosincrasia. Pero lo cierto es que de aquel nefasto año va hacer ya casi una centuria. De todo aquello únicamente quedan entre sus habitantes la nostalgia y el recuerdo de un pasado glorioso: su importante puerto de ultramar, la elegancia de su casino, su prestigioso periódico y la reconocida fama de su escuela náutica de pilotos. Casi un siglo sin levantar cabeza. Y lo digo porque en todos estos años, la gestión de la vida política, administrativa y social del actual consistorio gira en torno a Vilagarcía. Es como si el centralismo madrileño del régimen anterior, resucitase y se hiciese manifiestamente patente en Ravella. La inversión pública municipal se planifica fundamentalmente pensando en las necesidades del centro de la gran villa.

En los años cincuenta recuerdo a Carril y Vilaxoán como la boca del lobo. Sin alumbrado público. Únicamente existían unas extrañas lámparas que sujetas por unos cables, pendían en el centro de la carretera y bailaban al son del persistente viento. Hasta el año 1963 no llegó el agua de la traída a Carril. La recogida de basuras tardó mucho más. Y más aún los semáforos, que llegaron y, no sé por qué motivo, se fueron. Ahora, el empeño del cabildo socialista por descentralizar su gestión a través de sus oficinas de Carril y Vilaxoán se ha visto truncado. Dicen que por falta de personal. Como si sus quinientos empleados estuviesen ocupados a tiempo completo, de sol a sol. Dos, solo dos empleados necesitamos para atender a Carril y Vilaxoán y así realizar más cómodamente nuestros trámites burocráticos. Señora alcaldesa, usted que ha destacado por su sensibilidad social y su buen talante, no nos postergue al final de su mandato a la histórica resignación gallega. No nos haga sentir objeto de alguna maldición bíblica. Ni tampoco a sentirnos condenados genéticamente a contemplar impertérritos el declive del bien estar de nuestros pueblos. Señora corregidora, a pesar de nuestro infortunio histórico los ciudadanos de Carril y Vilaxoán no somos de segunda clase. Porque nuestra identidad de ciudadanos de pleno derecho en un estado moderno, nos la da el pago de nuestros impuestos, al igual que se la da a los vilagarcianos del casco urbano. Y además, qué caramba, como bien recuerda el dicho popular sobre la Patrona de Vilagarcía, es de mal gusto quitar lo que ya se ha dado.

Miguel Ángel Rodríguez

es presidente de la asociación de vecinos Santiago de Carril

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