La pantagruélica ocurrencia del párking, unida a una colección de erráticas decisiones, desespera a buena parte de los socialistas
31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La elevación de las protestas vecinales a categoría plenaria, con aparato de ruido, pancartas y fanfarria variopinta, es, sin duda, uno de los aspectos definitorios del mandato municipal que entra en su tramo final, por lo que respecta a Vilagarcía. Sin embargo, nunca hasta el pasado jueves había dado muestras el grupo socialista, mayoritario en la coalición gobernante, de un desgaste semejante. Hasta ahora, mal que bien, los concejales del puño y la rosa habían plantado cara a argumentos vociferantes y abucheos, en ocasiones con apreciable fortuna y bastante dignidad. Nada de todo esto se desprendía esta semana de los siete escaños ocupados por el PSOE.
Las incomprensibles y mastodónticas ocurrencias de última hora, cristalizadas en la idea de invertir 2,5 millones de euros de dinero público en un párking de pago bajo Fexdega, le están pasando una dura factura a la cohesión no ya entre las dos fuerzas del bipartito, que también, sino especialmente a la maltrecha relación que une entre sí a los propios ediles del PSdeG.
La división de opiniones cunde entre sus filas. Un ejemplo. Alguien interpretó que, durante el receso protagonizado por los trabajadores de Baygar, la concejala de Limpeza y secretaria xeral de los socialistas vilagarcianos, Tania García , le repasó el jueves la cartilla a Rodríguez Cuervo por manifestar públicamente su discrepancia con el voto de sus compañeros acerca del conflicto de la plaza de O Souto (Rubiáns). Nada más lejos de la realidad. Si hay un hilo de sensatez y buen entendimiento que perviva en el seno de su grupo municipal, este es sin duda el que se ha establecido entre la última edil en llegar al pleno y el más veterano de los responsables de Ravella. Ojo, porque el resbalón del aparcamiento no es más que la guinda que culmina un pastelón de errores encadenados que están sacando de quicio a más de un militante del PSOE vilagarciano. Lo único positivo de la sesión para el puño y la rosa fue, al menos, la moción que Susana Camiño hizo prosperar por unanimidad para exigir a la Xunta una solución definitiva al problema descabellado de los alumnos del Anexo.
Por razones obvias, es el responsable del departamento de Xestión de Territorio, Marcelino Abuín , quien está en el centro de todas las miradas. En la gestión del anterior portavoz socialista hay claros y oscuros. El desarrollo de un modelo urbanístico avanzado, procurando una Vilagarcía más atractiva y habitable, las peatonalizaciones en torno a dos ejes que reinterpretan lo mejor del casco urbano -el recorrido entre Rey Daviña y el conjunto histórico de Vista Alegre, por un lado; el río de O Con, por el otro-, la creación de instrumentos de enorme potencialidad, como la Xerencia de Urbanismo, y la introducción de un puñado de medidas inteligentes -ahí está el registro de bienes inmuebles abandonados- son fruto de su faceta más positiva. En la cruz de la moneda, un talante distante, altivo en demasiadas ocasiones, la adopción de decisiones en la más absoluta y perfecta de las soledades, el descuido de cuestiones y previsiones básicas para el desarrollo cotidiano de la acción de gobierno y el prestar atención a nefastos consejeros externos, desoyendo a personal veterano y cualificado de Ravella, hasta encender motores para ejecutar la mayor inversión propia del Concello de Vilagarcía en toda su historia sin informar de ello a nadie. Ni siquiera a sus compañeros de partido.
Así no es extraño que nadie comprenda cómo Abuín fía el balance de su trabajo a un proyecto como el del párking de Fexdega, que contradice la línea emprendida por su departamento en materia urbanística. Nadie entiende qué razones justifican el empleo de fondos públicos en un negocio semejante. Que la Administración complemente con su dinero una inversión privada solo tiene sentido cuando, de acuerdo con el mercado, la acción a acometer no es rentable económicamente pero de ella se extrae un beneficio social que confiere interés general a todo el proceso. ¿Pero qué beneficio social existe en eliminar 400 plazas de aparcamiento gratuitas para sustituirlas por 325 plazas de pago enterradas y explotadas por una compañía privada? El día 12, Pontevedra inaugurará el estacionamiento de la plaza de España. Son 317 plazas en tres sótanos que han costado 6,4 millones de euros y nueve años de gestación. La empresa concesionaria ha remodelado el espacio urbano en su superficie. Nada menos que 7.000 metros cuadrados. Pero el Concello pontevedrés no ha gastado un duro. Bastante hace con poner a disposición de la firma terrenos de titularidad municipal.
Resulta curioso comprobar que quien tanto ha cuestionado la trayectoria de Javier Gago en Ravella esté a punto de culminar su propia labor haciendo lo mismo que reprochaba a sus predecesores. Con una diferencia: en Xoán XXIII, al menos, se crearon plazas de estacionamiento de la nada. En Fexdega, se destruyen las que existen.